Sonó el despertador y las 7 de la mañana nos levantó de la cama. El día era una pintura soleada de par en par. Desayuno liviano, mucha fruta fresca y líquidos, poco a nada de cosas pescadas que nos complicara la travesía por venir.

A las 8 en punto nos pasó a buscar el dueño de la agencia de excursiones Ilha Adventure (mas info acá) , menos mal porque no teníamos muchas ganas de bajar tan temprano los 2 km cuesta abajo de la cocaida hasta Perequé donde salía el Jeep.

Llegados nos encontramos con nuestros compañeros de aventura, 2 parejitas de turistas paulistas y dos chicas cordobesas, muy jovencitas por cierto, que se animaron a la travesia. El jeep, un verdadero jeep de los años 60, estaba presto para partir, vale explicar que está bien acondicionado para la aventura por venir, con la parte de atras totalmente descubierta pero techada y con una barra antivuelcos que pararelamente recubría la parte de atras y que nos brindaría seguridad en caso de accidente ¿Estas seguro? mmmmmmm..... parte de la aventura.

Salimos rumbo a la ruta que nos llevaría dentro de la misma selva del morro. Apenas comenzamos a subir pasamos cerca de la pousada pero en ves de girar a la izquierda en busa de la cocaia seguimos avanzando derecho comenzando a salir de la zona poblada.

El recorrido desde Perequé hasta la playa de Castellanos, del otro lado de la isla, es de 22 km, 18 de offroad en travesia de jeep sobre el morro de mata atlántica, atravesando de oeste a este todo el parque estadual de Ilhabela.

El camino abandonó sus edificiaciones bajas para empezar a transformarse en un bosque con árboles de 20 a 30 mts de alto y con un incipiente precipicio acompañandonos a nuestra diestra. Ahi realmente comenzamos a disfrutar del paisaje. Elevarnos a varios cientos de metros hacia que la mezcla natural de verde, azul y celeste fuera indescriptible e inundara absolutamente todos nuestros sentidos.

Al cabo de un rato llegamos a la estación de los guardaparques e ingreso oficial a la trhila dos castelhanos. Ahi todos los aventueros deben registrar el ingreso e informar horario de retorno para asegurarse que nadie quede perdido o accidentado sin ser buscado.

Aprovechamos la parada para realizar una caminata de unos quince minutos hasta llegar a la primera cachoeira o cascada, según la lengua protuguesa o castellana. La cachoeira do Agua Branca es una impresionante cascada de mas de 65 mts de largo, que funcionaba moviendo la ex turbina eléctrica que proveía electricidad a la ciudad, hoy ya en desuso.

Al llegar el poco das pedras es el lugar donde la disfrutamos por un rato, con un chapuzón helado en sus aguas para refrescarnos del terrible calor imperante.

Volvimos al Jeep y ahora si comenzamos a subir lento, pero constante, por el morro selvático. El camino era tremendo, muy barroso por unas lluvias intensas de la semana anterior, que lo habían mantenido cerrado.Hoy se abría de nuevo al publico. El barranco sonaba amenazador sobre todo con lo duro y resbaladizo del trazado, pero es parte de la aventura o no?

A mitad de camino llegamos al punto mas alto, unos 1000 mts de altura, y sobre nuestras cabezas sólo se veía sol, barro y selva, ya el precipicio habia dejado lugar a intensas copas de árboles que llenaban el horizonte. La adrenalina era menor, pero no asi el peligro, el barranco no se veía, pero una caída en esa altura era indudablemente fatal.

Comenzamos el descenso ya pasada la cumbre del moro, a meta barro, piedras, charcos y curvas pronunciadas. Mil sonidos de pájaros distintos sonaban en la selva acompañando nuestro recorrido. Y ahí, en plena curva apareció nuestra primer encuentro cercano con la fauna peligrosa. Una surucucu adulta, la serpiente venenosa mas larga de sudamerica, de por lo menos 2 metros de largo se paseaba en un terraplen natural formado en el camino. La miramos, fotografiamos respetuosamente a prudente distancia y nos alejamos dejandola seguir su camino. Un gran momento

Seguimos bajando la cuesta hasta el final del camino, charcos, piedras, barro, nos encajamos casi en el final y bajamos a empujar el jeep. Toda una aventura que terminó pagando al llegar a destino...La praia Castelhanos.

Esta playa es uno de los grandes paraísos de la isla. Casi virgen, con apenas un parador para aprovicionarse de lo mínimo. Solamente se llega a traves del camino que hicimos nosotros o por mar en alguna escuna o lancha. Por las noches queda totalmente desolada y sólo se puede dormir haciendo compamento.

Al llegar había 3 o 4 jeeps de travesía y se veía una lancha, al rato llegó una escuna con provisiones para el parador. La gente se acomodaba en las reposeras o tomaban un baño en el mar. Imaginen que siendo la playa mas extensa de la isla, unos 2 km de largo, 30 personas es casi como si no hubiera ninguna.

Ya despues de los chapuzones de rigor el guía avisó que a los que querían conocer la cachoeira mas impresionante de Ilhabela se tenían que preparar, en quince minutos comenzaba la caminata.

Nos aprovisionamos de abundante agua y acomodados en la fila india que comenzaba a internarse en la espesa mata atlántica, pero ahora caminando. La adrenalina ahora si era intensa, se escuchaba infinidad de sonidos animales y el sendero apenas se veía entre mil árboles gigantes y matorrales infinitos. Pasamos por puentes colgantes y arroyos zigzagueantes.

Al llegar a la Cachoeira do Gato la emoción fue tremenda, el lugar bien valió el esfuerzo. Una imponente cascada de unos 50 mts que se ven completa desde su comienzo y donde el agua que lanza cae en un pozo, ideal para bañarse.

Cruzamos el puentecito de acceso y despues de las fotos de rigor, al agua pato! Una recomendación que ya nos habían dado es la de llevar medias de algodon y usarlas al meternos en la cascada. El porqué? Para evitar resbalarse en las piedras del lecho del fondo. Lamentablemente para Gaby y para mi,nos sacamos las medias antes de salir y nos dimos flor de golpe contra el puentecito justo antes de irnos.

Despues de unas cuantas zambullidas y con la tarea cumplida de llegar en esta travesía emprendimos el regreso a praia do castelhanos. Lento por el tobillo matrecho tardamos la horita calculada. Aprovechamos un rato mas esta playa del paraíso para luego volver al jeep y empezar la travesía de regreso que ya fue mas tranquila por saber con que nos íbamos a encontrar.

De regreso a la pousada, totalmente exhaustos, caímos en los brazos de morfeo, sin cenar pero con la firme idea de que tuvimos un día de esos que no se olvidan mas en la vida.

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