i Mi bitácora de viaje by Walter Marquez

El municipio de Ilhabela, conocido como la Capital da Vela, está situado en el litoral norte del Estado de São Paulo. Es el único municipio archipiélago en todo el país y está formado por 13 islas e islotes, la Ilha de São Sebastião es la isla principal del municipio y la más grande de todo el litoral sudeste de Brasil.

Es un municipio frecuentado por los amantes de los deportes de aventura y náuticos, que encuentran en sus numerosas playas, islas, lagunas, ríos y montañas, el lugar ideal para practicar todo tipo de deportes, destacando el buceo, por la gran cantidad de naufragios que hay por toda la zona, y todos los relacionados con la Vela.

Hasta principios del siglo XVII no se establecerían en la zona los primeros colonos. Se instalaron a los márgenes del Canal do Toque-Toque, conocido en la actualidad como Canal de São Sebastião, formando el poblado donde hoy en día se localiza en Centro Histórico de São Sebastião.

Su principales actividades económicas eran la venta de esclavos y la agricultura, principalmente la plantación y comercialización de la caña de azúcar, para la que utilizaban en su mayoría mano de obra esclava. En el año 1636 la población se desvinculo de la Vila de Santos, a la cual había pertenecido desde sus orígenes, y fue denominaba Vila da Ilha de São Sebastião. Posteriormente fue llamada Vila de São Sebastião da Terra Firme y finalmente Vila de São Sebastião.

A principios del siglo XIX, año 1805, la Ilha fue elevada a la Categoría de Vila y denominada Vila Bela, un siglo más tarde, en el año 1901, se convirtió en municipio. En el año 1940 era conocida como Formosa y posteriormente, en el 1944, fue por fin llamada con su actual denominación, Ilhabela.

Ya analizado un poquitín este paraíso podemos adentrarnos en nuestras peripecias propiamente dichas. Comencemos por el análisis de la hermosa posada elegida para el viaje. Pousada Terramadre resultó un lugar donde el detalle está puesto en cada rincón y momento. Solamente lo empaña lo alejado que está del centro y que, al ser en un morro, las subidas y bajadas caminando son casi extremas.

La entrada-recepción con amplios sillones relajan sólo a la vista, por otro lado en el mismo ambiente se arman las mesas del desayuno. Un gran parque interior separa los distintos bloques que conforman las habitaciones y algunos lugares de relax como un yacuzzi al aire libre, la parrilla o la pileta. Al fondo, pegada a la pileta, está la casa de la anfitriona, Nelise y su familia.

Los cuartos, realmente amplios, nos regalan detalles de excelencia con una decoración acorde al lugar, rústica pero moderna. Amplios baños separados en 3, permitían el uso a la vez de sus sectores. Realmente un lujo a los sentidos la Pousada Terramadre.

Ya desayunados y bien entrada la mañana decidimos bajar por la Cocaia hacia el centro de Pereque. A pesar del sol intenso, como es un camino, asfaltado, dentro del morro, lo frondoso de sus árboles permiten bajar y subir medianamente cubiertos y frescos.

Llegamos a este minicentro comercial que recorrimos con el interés de no conocer nada. Un gran supermercado nos aseguró la cena, ya que subir y volver a bajar a la Pousada tornaba casi imposible el volver de la playa bañarse e irse a cenar por ahí, asi que las cenas serían en la pousada.

Ya recorrido el centro y con el almuerzo en ciernes buscamos algun restaurante local que nos atrajera con sus encantos. Ahi fue que nos decidimos por Pier 18, un restaurante con carta y pizzeria, donde probamos unos buenos filete de pescado bien fresco (como todo el pescado en la costa brasilera), a la plancha y con verduras al vapor. Este restaurante tiene la particularidad de tener una imagen hecha en yeso de una mulata negra que oficia de anfitriona apenas se ingresa.

Ya satisfechos de semejante almuerzo nos dedicamos a caminar un poco mas por la zona hasta que ya hecha la digestión nos metimos en la Playa de Pereque. A diferencia de sus hermanas del oeste, las playas que dan al canal son por demás tranquilas, con el agua bien calma. En esta en particular, al ser céntrica y bastante corta de arenas, suele congregarse poca gente, la mayoria local, para refrescarse un rato.

Así mojadas las patitas nos fuimos a caminar por el centro para buscar una excursión para el día siguiente. Por suerte conseguimos una muy tentadora, cruzar a travez del morro, hacia el lado oeste en busca de la playa casi virgen llamada Castellanos. La travesía sería en jeep todo terreno con lo que la diversión estaría asegurada.

Cerrado esto aprovechamos para aprovisionarnos en el Supermercado e ir a descansar a la Pousada...sobre todo a disfrutar de un rato de pileta con ese paisaje exquisito acompañandonos.

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