Vamos que ya está el sol a pleno!!! Así la desperté a mi pobre compañera. Mi bendita costumbre de levantarme temprano no falla ni aún en vacaciones. Desayuno de rigor, bien nutridos y ahora...a donde vamos?

Entonces recordamos nuestra llegada que, aunque fue nocturna, nos permitió ver un pueblito anterior a nuestro destino que tenía aspecto agradable...Boicucanga. Para ir, como es mi costumbre, nada de taxis, siempre afirmé que la mejor forma de conocer un lugar es empaparse de las costumbres locales, compartir con los lugareños sus experiencias habituales, asi que aunque suene tonto, nos tomamos el micro local que une Maresias-Boicucanga.

Llego el micro y ya en la cola de espera se notaba que no estábamos en zona de turistas. La mayoría, por no decir todos los pasajeros eran trabajadores locales que se desplazaban de un lado a otro de las playas de la zona para cumplir con sus tareas diarias.

El viaje fue a puro morro. Una particularidad que tiene esta zona es que cada pueblito con su playa está enclavada dentro de un morro, por lo tanto cuando se pasa de un pueblo al otro la carretera se mete dentro de los morros regalandonos hermosas vistas.

Llegamos a Boicucanga y se confirmó, en parte, la idea que teníamos. La playa era mucho mas tranquila que Maresias, con menos gente, mas natural y con una tranquilidad absoluta. En cuanto al pueblo, tenía muchísimo menos actividad comercia. Una galería comercial con supermercado era lo mas vistoso, el resto casas bajas humildes con locales artesanales sobre la calle principal.

Otra cosa linda que tiene Boicucanga es una pista de skate donde confluyen muchos adolescentes y no tanto. Desde que baja el sol hasta entrada la noche se juntan a patinar, charlar y escuchar música. Nosotros no tuvimos suerte y de día solo vimos algun patinador acalorado intentando un par de vueltas

Ya por la tarde nos volvimos a Maresías habiendo disfrutado de un lindo día en un pueblito distinto. Como no teníamos ganas de volver a la playa preferimos conocer la pileta del hotel que hasta ahora no había sido tentadora.

Pequeña pero relajante, nos tomamos unas "bem geladas"metidos en el aguita fresca. De paso probamos la camarita acuática haciendo poses de las mas inverosímiles bajo el agua. Por la noche volveríamos a cenar a un restaurante local con la idea de que ese sábado sería el día de la movida nocturna.

¡¡¡Y a la noche sale dance!!!

Bueno, ahora viene una de esas anécdotas que quedan registradas en cada viaje y se cuentan eternamente entre los amigos. Todo comienza en la cena de esa noche donde con mi media naranja tomamos la determinación de probar la verdadera cocina brasileña. ¿El lugar? Un parador que casi en exclusiva iban a cenar la gente local y que ya habíamos relojeado en algun paseo anterior. ¿El menú? La clásica feijoada compuesta por patita de chancho con frijoles negros, arroz, col, farofa (harina de mandioca) y en otro plato pedimos milanesa de cebú con batata y banana frita.

Obviamente todo esto fue regado con cerveza abundante por lo tanto al terminar la cena estábamos mas para el internado que para salir a bailar. Pagamos y al hotel. La idea inicial era dormir un rato y despertarse tipo 2 de la mañana, si todavía había espiritú, e ir a conocer el famosisimo boliche SIRENA, lugar de ocio y baile de la cream de la cream paulista. Si ya el espiritu nos abandonaba seguiriamos durmiendo.

Llegado el momento cumbre mi cuerpo y mi alma pedían a gritos seguir durmiendo, pero lamentablemente Gaby no opinaba lo mismo. Así que zapateando como el chavo del ocho y al son de "QUIERO IR A SIRENA" logró conmoverme y que dejara la felicidad de mi cama.

A bañarse y a cambiarse para caminar las 10 cuadras que nos separaban del templo del dance de San Pablo.

Ya en el boliche, que me costó por cierto 180 R por persona la entrada, el ambiente estaba muy bueno pero con poca gente todavia. Mucho muchacho joven paulista que deleitaron los ojos de mi compalera por un buen rato hasta que, despues de la 2da bem gelada de la noche yo pude bajar la feijoada y comenzar a danzar a todo vapor.

Ahi tambien se produjo el ingreso en masa de toda la belleza paulista en su esplendor. Cientos de bellas jóvenes mujeres bailando alrededor era un espectáculo único. Pero lo bueno dura poco y el efecto feijoada o celosoada cayó sobre mi mujer y por ende comenzó a "sentirse" mal...asi que en el mejor momento de SIRENA tuvimos que partir al hotel.

Posiblemente haya surgido algun celito sin mala intención ante tanto desborde hormonal femenino brasileño, pero para se honesto, ya estoy viejo para estos menesteres asi que agradecí el volver a un horario razonable a dormir...la noche ya la habíamos disfrutado a pleno, no era necesario mucho mas.

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