Comenzamos un nuevo recorrido en este quinto día de viaje, y esta vez apuntamos bien alto, al Parc Güell de Antoni Gaudí. Para ello reservamos, el día anterior, fecha y hora de ingreso vía su web. Esto es importante para evitarte las tremendas colas que se forman para entrar ya que al llegar con reserva vas directo al acceso y comienzo de recorrido.

El Parc Güell de Gaudí se situa en una de las colinas más pronunciadas de la ciudad de Barcelona, mas precisamente en la vertiente meridional del monte Carmelo, que pertenece a las estribaciones de la sierra de Collserola; en la cara septentrional se halla el parque del Carmelo. Administrativamente pertenece al barrio de La Salud, en el distrito de Gracia. Nosotros optamos, para ir al Parc, viajar en el subte de la línea 3 y bajarnos en la estación de Vallcarca. Desde ahí tenemos varios tramos de empinada caminata y varios de escalera mecánica que hacían casi épico el arribo al parque.

Agotados de traccionar en subida por la Baixada de la Glòria llegamos al final del camino donde en la entrada al parque podemos ver algo que se ve en varias ciudades europeas de mucho tránsito de turistas....el cartel de entrada al parque repintado con el ya tristemente famoso Turist go home!! Esta corriente antituristas no es nueva, pero si ha venido creciendo con fuerzas en los últimos años, sobre todo aquí en Barcelona.

Finalmente y despues de un gran esfuerzo de unos veinte minutos de caminata empinada llegamos hasta la entrada al Park Guell. El acceso desde Baixada de la Gloria nos regala esa imagen que mil veces soñamos ver y que ahora estaba ahi, a unos pasitos, en frente de nuestro incrédulos ojos. Esas casitas que parecen salidas de un cuento de los hermanos Grimm asomando en el medio de un verde bosque son una de las cosas por la que todo el mundo debiera venir a Barcelona.

Parc Güell es un gran parque diseñado por el arquitecto Antoni Gaudí a petición del conde Eusebi Güell, el cual quería construir un parque de estilo para los aristócratas de Barcelona. El conde tenía previsto construir una urbanización que aprovechara las vistas de la zona y el aire fresco, sin embargo, solamente se completaron dos casas de espectáculos. El propio Gaudí habitada una de ellas, diseñada por el arquitecto Francesc Berenguer en 1904. Las obras comenzaron en 1900 y se pararon en 1914. Comprendieron que su lejanía con la ciudad y lo abrupto del terreno, no solo dificultaba su construcción, si no, también las comunicaciones con Barcelona. Así, a la muerte de Eusebi Güell, sus herederos lo ofrecieron al Ayuntamiento de Barcelona, quien lo adquirió en 1922 y lo abrió al público cuatro años más tarde.

Una de las características del parque Guell son sus caminos y senderos, Antonio Gaudí quiso realizar el proyecto sin modificar las características del terreno y la belleza del paisaje, negándose firmemente a nivelar los caminos del proyecto de urbanizar la montaña, es mas, aprovecho las características del terreno para la realización de senderos cubiertos mediante columnas inclinadas inspiradas en distintos estilos arquitectónicos, barroco, gótico y románico.

En los caminos, este renombrado arquitecto empleó sistemas similares de construcciones y materiales como los de la cripta de la Colonia Güell. Se utilizaron columnas curvadas, que se elevan desde el suelo como árboles, pero son identificables como elementos construidos de piedra, ladrillo y piedra local para preservar la sensación natural del paisaje El alojamiento simultáneo y el respeto por la naturaleza es una de las cualidades más bellas de este trabajo, donde Gaudí genera efectos visuales, experimentando con la relación entre naturaleza y arquitectura.

Los viaductos están repartidos por todo el parque, caminos por diferentes niveles, a simple vista parecen iguales, pero no lo son, estos viaductos fueron ideados por Gaudí para la circulación de carros y peatones. Gaudí tenía muy claro realizar una buena comunicación entre las distintas partes del parque. El viaducto de la bugadera o también llamado pórtico de la lavandera, recibe este nombre porque uno de sus pilares tiene esculpida una figura en forma de lavandera, en la entrada al pórtico encontraremos una curiosa puerta de hierro forjado con forma «hígados de ternera», según una frase de Salvador Dalí. Todo el sendero presenta una inclinación de sus paredes y de las columnas que lo sostienen. Al final del sendero se forma un semicírculo de columnas a dos niveles con un bonito pasamanos en forma de espiral, con columnas helicoidales, un lugar ideal para realizar fotografías.

Ya ingresados en el parque agradecí haber sacado antes la entrada por internet y reservado el turno. Una larga cola esperaba para poder ingresar mientras nosotros entramos por la segunda puerta directamente en el horario establecido. La cantidad de gente establecida para el ingreso al mismo tiempo es de 400 personas cada 30 minutos.

Bajamos por una hermosa escalinata que da acceso a la famosa zona monumental del parque. La escalinata está cubierta de pequeños trozos de baldosas de colores. Esta técnica tan característica de la obra de Gaudí y que se encuentra por todo el parque se conoce como trencadís, y utiliza pedazos irregulares de azulejos y otros materiales como recubrimiento. Los trozos usados provenían de piezas rotas a propósito o de restos de otras construcciones. Muchos de los revestimientos con trencadís fueron obra de Josep Maria Jujol, ayudante y discípulo aventajado de Gaudí.

Y ahora llegamos a la entrada principal que da al sur a la calle Olot y que es donde se concentra toda la magia del Parc Guell. Nos reciben los Pabellones de entrada, que iban a ser la casa del portero y la de la administración. Estas bonitas edificaciones están inspiradas en el cuento de Hänsel y Gretel que por aquel entonces se representaba en el Liceu. El 27 de enero de 1901, cuando Gaudí empezaba a trabajar en el parque, su obra más ambiciosa como arquitecto paisajista, el Liceu ofreció el relato infantil que Humperdinck convirtió en ópera y Maragall tradujo al catalán. La Casa del Guarda representa al edificio como «uno de los pocos ejemplos de vivienda modesta» del artista.El colorido --conserva el azul, amarillo y verde originales en los interiores-- y las formas caprichosas del edificio contrastan con la sencillez de los materiales. La técnica característica de Gaudí, el trencadís, cubre superficies de fragmentos irregulares, de cerámica o porcelana procedentes de derribos o de sobrantes de fábricas. La cúpula en forma de seta está repleta de tazas de café boca abajo. El edificio tenía una cocina y una sala de herramientas en la planta baja, habitaciones en la primera, un desván y una buhardilla. Construido entre 1901 y 1903, fue la casa del portero de la urbanización hasta 1920, y después, vivienda privada. En 1996 se inició el primer proceso de restauración, tras lo que reabrió, tres años más tarde, como centro de interpretación del parque Güell, ya integrado en el Museu d'Història de Barcelona.

El pabellón de administración tiene una altura de 29 m y planta de 12,60 x 6,60 m. Tiene dos plantas: en la inferior había una gran sala cuadrada que ahora está dividida en dos habitaciones, más otras dos estancias de forma absidal; de aquí parte una escalera curvilínea en cuyo tramo medio se encuentran los aseos en entreplanta; en el segundo piso hay una sala equivalente a la inferior, flanqueada de dos terrazas almenadas, con un remate de cúpula en forma de hongo, como el edificio anterior. Este edificio tiene también unos medallones con las palabras Park Güell.En la actualidad se dedica a librería y tienda de souvenirs.

Frente a las Porterías aparece la imagen mas maravillosa del parque. La escalinata principal corona en su cúspide con la increíble Sala Hipóstila. La escalera del Park Güell, que asciende entre muros con almenillas, presenta en el centro unos pequeños estanques que generan saltos de agua, todos ellos decorados con trencadís. El primero de ellos muestra un compás graduado y un círculo del que surgen dos palos hacia arriba y dos hacia abajo: Los instrumentos del arquitecto y del constructor, que coinciden, evidentemente, con los de la masonería (no olvidemos que masón significaba "maestro de obras", como la figura del Dios medieval que se erigen en el gran arquitecto que con ayuda de un compás dibujaba el círculo del mundo o del universo).

En el mismo nivel se encuentran representados corales, símbolos de la piedra en estado primigenio, la materia prima que el alquimista ha de purificar en su interior. En el primer rellano de la escalera se encontraba una losa hexagonal con la inscripción "Reus 1898" y una copa de cava. Hacían alusión directa a sus raíces en la comarca del Camp de Tarragona, y a la celebración que, con motivo de la compra de los terrenos, reunió al marqués de Asma, propietario de los mismo, a Güell y al propio Gaudí, quien también celebraba su cuarenta y cinco aniversario, edad en la que podía recibir el grado de Gran Maestro Arquitecto de la logia masónica a la cual pertenecía. A ambos lados de las escaleras, baldosas hexagonales, cóncavas y convexas, que nos remiten a las celdas de las abejas, símbolo del trabajo y vida en comunidad, tanto en sentido social como espiritual. En el segundo tramo de la escalera, el escudo de Cataluña que da al Park su profundo sentido catalanista, que siempre quisieron remarcar sus creadores. La escalinata, inspirada en la de la Plaza de España, en Roma, construida por De Sanctis el año 1723, no indicaría que se trataba de una obra de Cataluña en España. Del centro del escudo surge la cabeza de una serpiente de color broncíneo, semejantes a las de Moisés o Asclepio, usadas para defender a su pueblo de las plagas. También se parecían incrustaciones de frutos de eucalipto. Todo ello en clara alusión al propio Güell como autor de un tratado contra las epidemias bajo el título "La inmunidad por las leucromías".

El tercer tramo aparece ocupado por una salamandra que se aferra a los costados del estanque. La salamandra, representación animal del fuego, como la designa los colores de su cresta. En el cuarto tramo una figura marrón. Su parte baja es un trípode como el que utilizaba la pitonisa de Delfos cuando recitaba su oráculo, transformada por los humos de vapores de pino y sustancias aromáticas. Tras los trípodes, un banco para reposar y gozar con la contemplación de la panorámica, en el que da el sol en invierno y la sombra el resto del año. Se asemeja a una boca abierta, una boca trágica, con el labio inferior tenso por la profundidad del llanto.

Los muros que circundan la escalinata son de forma elíptica, con una altura máxima de 5,8 m.60 Son de cerámica, en alternancia de placas convexas blancas y otras cóncavas de colores variados, con una superficie de forma alabeada; estos muros están rematados por almenas, sobre una cornisa de piedra rústica que contiene jardineras de plantas colgantes. Muchas de estas piezas cerámicas fueron diseñadas por Pau Pujol, de la fábrica Pujol i Bausis.

Para organizar los accesos al parque, el interior de las terrazas laterales de la escalinata Gaudí las había creado a modo de grutas , la de la izquierda para garaje y almacén, y la de la derecha para refugio de carruajes. Esta última tiene una sala circular sostenida por una columna central de forma cónica , con una estructura que recuerda las patas de un elefante ; dicha columna es semejante a la de la cripta del Monasterio de Sant Pere de Rodes , posible lugar de inspiración del arquitecto. Esta sala tiene la particularidad de que el sonido viaja por sus paredes, por lo que es común ver a dos personas en sus extremos hablando el uno con el otro de espaldas.

Regresamos por la escalinata donde habíamos bajado hasta el primero camino que se abre al parque. Esto sólo porque teníamos el cochecito y podíamos usar dicho camino que era sin escalinatas, pero que no pertenece al recorrido normal. Subiendo por la rampa llegamos a la Sala hipóstila o Sala de las 100 columnas. Antes de ingresar a la sala Hipóstila pasamos por la entrada de la CEIP Baldiri Reixac. Esta escuela, que tiene infantil y primaria, ocupa un edificio del siglo XVIII que había sido una masía residencia del conde Güell y que forma parte de la obra que diseñó Antoni Gaudí.

La Sala de las Cien Columnas o Sala Hipóstila es una especie de gran porche formado por ochenta y seis columnas que sostiene la gran plaza del Parque Güell de Barcelona. Fue concebida por Antoni Gaudí para albergar el mercado de una ciudad residencial que jamás llegó a completarse. Las columnas, verticales las interiores, ligeramente inclinadas las exteriores (actuando de contrafuertes), están diseñadas de tal forma que recuerdan el estilo arquitectónico dórico. Por otro lado, la parte baja de la columna está recubierta de trencadís blanco y uniforme.

El mismo recurso se utiliza como base decorativa del techo que está lleno de formas redondeadas que se adentran entre columna y columna. En catorce de ellas hay dibujos realizados con la técnica del trencadís. Las columnas están alineadas, pero su distribución no es uniforme y en los espacios inexistentes que dejan algunas hay grandes rosetones, también de trencadís. Los rosetones representan las cuatro estaciones del año, con dibujos de soleslunar, con dibujos de remolinos y espirales. En este caso vemos la representación del Invierno. Fue diseñado y estampado por Josep Maria Jujol. Además de los habituales fragmentos de porcelana, también muestra detalles curiosos como un fragmento de una muñeca. Jujol también experimento con papel de vidrio de color.

El suelo es pulido, pero la pared del fondo parece de piedra tosca sin trabajar. Actualmente sólo la utilizan algunos músicos para disfrute de los turistas por la buena acústica que ofrece. La sala Hipóstila o Sala de las Cien Columnas, sirve de soporte a la plaza superior.

Saliendo de la Sala Hipóstila empezamos a subir el camino rumbo a la Plaza de la Naturaleza pasando por los jardines de Austria. Lo que ahora conocemos como Jardines de Austria era una de las zonas destinadas a parcelas de la urbanización. Cuando el Park Güell se convirtió en parque público, la zona se destinó a vivero municipal. Jardín de Austria proviene de la donación de árboles por parte de este país con motivo de la exposición "Viena en Barcelona", celebrada en 1977. El jardín goza de magníficas vistas, Desde allí tenemos una bella vistas como esta de una de las porterías de la entrada.

Desde el centro de los jardines de Austria se pueden apreciar las dos casas que fueron edificadas en época de Eusebi Güell: la del abogado Martí Trias i Domènech, que proyectó el arquitecto Juli Batllevell, y la casa muestra de la urbanización, obra de Francesc Berenguer, que finalmente adquirió la familia Gaudí para vivir. En el cambio del siglo XIX al XX, Eusebi Güell i Bacigalupi (1846-1918) encargó el proyecto del Park Güell al arquitecto Antoni Gaudí. El parque se proyectó como una urbanización ajardinada y cerrada, para unas sesenta casas, en la parte alta de Barcelona. Para potenciar la venta de parcelas donde construir viviendas, se edificó una casa muestra, la actual Casa Museo Gaudí.

Subiendo por el viaducto bajo pasamos por el paseo de las palmeras. Asi nos vamos acercando a la plaza de la naturaleza. La parte superior de la Sala Hipóstila contiene una cornisa cubierta de gárgolas con forma de cabeza de león para desaguar la lluvia, así como triglifos y pequeñas figuras en forma de gota de agua.

La mayor atracción del Parc Güell es una terraza que da a la ciudad de Barcelona, contenida por un banco curvo que fluye a su alrededor, creado a partir de mosaicos, fragmentos de cerámica, y barandillas de hierro, generando un espacio extremadamente cómodo en una estructura totalmente rígida. A lo largo del proyecto, este sistema colorido se utiliza también como mosaico lúdico y tratamientos superficiales. La arquitectura elegante acomoda las cualidades del paisaje existente, convirtiéndose en una extensión del propio paisaje.

De forma oval de 2694 m² (86 m de largo por 43 m de ancho), la plaza de la naturaleza construida entre 1907 y 1913.82 Según el plano original, la plaza central debía ser un teatro griego, apto para las reuniones comunitarias y para la celebración de eventos culturales y religiosos. En el otro extremo la plaza termina en un muro excavado en la montaña, que hace el efecto de un anfiteatro, sobre el cual hay un paseo de palmeras cerrado en la vertiente montañosa por un muro de columnas con forma de palmera. En esta pared había unas cuevas naturales que hoy día se utilizan como servicios.

Y ya pegando la vuelta bajamos por la entrada principal de Carrer d´Olot, siguiendo por Carrer de Larrard. Doblamos por Travessera de Dalt hasta que nos encontramos con esta bella plaza llamada Plaza de Lesseps. La plaza de Lesseps es una plaza de Barcelona que se encuentra en el límite de los distritos de Gracia y Sarriá-San Gervasio. Antes de 1895 la plaza se había llamado «Josepets», por el convento de los carmelitas de Santa María de Gracia. En la reforma que se realizó en los años 1950 se anexionó a la plaza Lesseps la antigua "Plaça de la Creu". La plaza está dedicada a Ferdinand de Lesseps (Versalles 1805 - Castillo de la Chênaie 1894), que fue un diplomático francés cónsul de Francia en Barcelona, famoso por ser el constructor del canal de Suez. Ferdinand tuvo su domicilio en una torre de la plaza junto a la riera, había intervenido a favor de la ciudad durante el bombardeo de Juan Van Halen en 1842.

Volvimos para casa para dar un paseito por La Rambla Catalunya. Empezamos en la punta norte donde antes de llegar a La Rambla y caminando por la Diagonal nos encontramos con la Font de la Granota. Situada en un rincón de lo más encantador, entre el comienzo de la Calle Córcega y la Avenida Diagonal, la Font de la Granota representa a un muchacho en actitud distendida sujetando una rana de la que fluye el agua. Es de inspiración naturalista y estilo modernista, mostrando la escena con gran realismo. La escultura contiene una bella base ornamentada con motivos florales y el escudo municipal. La escultura está fabricada en bronce y el pedestal en piedra de Montjuic.

Fue inaugurada en 1912 dentro de un interesante programa municipal para embellecer el Eixample con fuentes de agua que además de útiles, fueran decorativas, para lo cual fueron contratados importantes artistas del momento. La Font de la Granota es obra de Josep Campeny, escultor igualadino surgido de la prestigiosa Escola Llotja, quien además fue autor de otras dos fuentes del mismo programa, la de la Trinxa en la Calle Pelayo con Universidad y la del Noi dels Cantirs en la Plaza Urquinaona.

A ambos extremos de Rambla Catalunya delimitan el paseo unas estatuas de animales humanizados de carácter irónico. Junto a Gran Vía, como ya vimos ayer, tenemos al toro Pensador . Ahora, en avenida Diagonal nos sorprende la jirafa Coqueta. Ambas estatuas son de Josep Granyer y están inspiradas en obras maestras como el pensador de Rodin y Paulina Bonaparte de Antonio Cánova, respectivamente.

Y ahora si comenzamos el camino de la Rambla de Catalunya. Entre el lujoso paseo de Gracia y la transitada calle Balmes desfila en paralelo la Rambla Catalunya. A uno y otro lado del boulevard, los edificios se levantan con profusas decoraciones modernistas. Y es que la Rambla creció en medio del ensanche influenciada por la elegancia de la nueva Barcelona. Desde siempre ha sido una calle a rebosar de tiendas, galerías de arte, teatros y cines. Algunos de ellos han desaparecido o se han transformado con el paso del tiempo. Además de dos cines y algunos comercios tradicionales, encontraremos una amplia oferta comercial materializada en tiendas de moda de primer orden, destinadas a cumplir los sueños de los amantes de las compras. Tiendas selectas se mezclan con otras más populares, dibujando un Shopping line que sigue el trazado de la calle. Un kilómetro de paseo a la sombra de los tilos, que refrescan la parte central de la avenida. Es aquí donde las terrazas ofrecen a los peatones la posibilidad de hacer una parada en el camino y tomar un refrigerio

En el número 126 de la Rambla de Catalunya aparece el famoso edificio modernista del arquitecto Josep Puig i Cadafalch, La Can Serra. Diseñada como casa unifamiliar con aspecto de palacete, recordando la antigua casa Gralla renacentista desaparecida a mediados del siglo XIX, Puig i Cadafalch le rindió homenaje realizando la puerta principal y la ornamentación de las ventanas como una reproducción de dicha casa-palacio. Fueron el escultor Eusebio Arnau junto con Alfons Jujol los encargados de estos menesteres así como los que realizaron los medallones de los bustos de Cervantes, Fortuny y Wagner colocados sobre los ventanales. En el ángulo de la fachada se construyó una torre con aire medieval y el remate del edificio es un voladizo con cerámica vidriada. Sin llegar a ser habitada por su propietario, pasó a usarse como colegio de monjas a partir del año 1908; en el periodo de la Guerra Civil Española fue sede del Ministerio de Sanidad, pasada la contienda, el colegio se amplió entre los años 1943/1945, y se procedió a su venta hacia el año 1969. Hacia los años ochenta del siglo XX, se realizó otra nueva remodelación para adecuarlo a ser la sede de la Diputación de Barcelona, derribándose los añadidos y haciendo unas obras de restauración respetando la obra de Puig i Cadafalch y ampliando con un nuevo edificio en la parte posterior, proyecto de los arquitectos Federico Correa y Alfonso Milà.

En el 124 de la Rambla de Catalunya aparece la Casa Verdú. Este edificio, que hace chaflán con la calle Córcega, fue construido en 1900 con un estilo claramente modernista. Se caracteriza por su gran fachada, simétrica, con dos cúpulas coronando los ángulos y un frontón en doble semicírculo, haciendo de cabecero. La puerta principal es estrecha, de medio punto, y sobre él hay una tribuna de tres arcos, sobre ménsulas esculpidas. El resto de la fachada mezcla elementos ornamentales de tradición diversa y el paramento liso luce un esgrafiado de tipo geométrico.

En el 115 de la Rambla de Catalunya aparece la iglesia de San Raimundo de Peñafort (en catalán, església de Sant Ramon de Penyafort), también conocida como iglesia de Santa María de Montsió (o simplemente Montsió). La iglesia gótica original fue construida entre los siglos xiv y xv, aunque fue trasladada a su actual emplazamiento entre 1882 y 1890, época en que fue reformada por Joan Martorell, quien diseñó la nueva fachada en estilo neogótico. Pertenece al arciprestazgo de la Purísima Concepción de la Archidiócesis de Barcelona. Este inmueble está inscrito como Bien Cultural de Interés Local (BCIL) en el Inventario del Patrimonio Cultural catalán. La iglesia es de estilo gótico, con nave única y cabecera poligonal, con cinco tramos de bóveda de crucería y capillas laterales entre los contrafuertes. La fachada fue realizada de nueva construcción tras su traslado, con un proyecto elaborado por Joan Martorell en estilo neogótico; presenta tres arcos apuntados de entrada, con la inscripción latina Florens ut rosa fragans sicut lilium, sobre la que se sitúa una escultura de la Virgen del Rosario, obra de Maximí Sala, y sobre esta un gran rosetón.

Agotados por un día tan intenso llegamos a casa a bañarnos y descansar un buen rato. Gaby aprovechó este tiempo para hacerse una escapada cultural e ir a conocer por dentro la mágica Casa Batlló por dentro. La Casa Batlló de Barcelona sorprende, tanto por fuera como por dentro. La Casa Batlló es uno de los edificios más originales de la ciudad de Barcelona que atrae por su fachada colorista que parece el lomo de un dragón. Por dentro, seduce por su diseño radical. El edificio es también conocido como la “Casa dels ossos” (Casa de los huesos) por los habitantes de Barcelona, ya que posee un aspecto esquelético. Esto se puede observar desde el exterior del edificio, donde los balcones se presentan cubiertos por máscaras que proyectan la imagen de una calavera y los pilares que los soportan lucen como huesos. Como es habitual en la obra de Gaudí, las líneas rectas son evitadas en la medida de lo posible. El edificio fue diseñado por Gaudí, como una casa de lujo para Josep Batlló, adinerado aristócrata de la industria textil. El señor Batlló vivió en los dos pisos inferiores del edificio con su familia mientras que alquilaba, como apartamentos independientes, los pisos superiores.

Una vez en el lugar y aprovechando que justo a esa hora había poca cola entró rapidamente. El recibidor nos acoge con la luz natural que dejan pasar dos preciosas claraboyas o lucernarios con forma de caparazón de tortuga y que iluminan todo la escalera. Las paredes están pintadas como si fueran escamas. En un lado, la escalera que vertebra todo el edificio nos invita a seguir explorando una casa llena de vida. Desde el recibidor hacia la planta Noble subimos por la escalera cuya forma recuerda la columna vertebral de un animal, y que algunos estudiosos interpretan como la cola del dragón de la fachada.

Ya en la primer planta nos adentramos en el mundo mágico de la Casa Batlló. Nuestra primera parada es en la Sala de la Chimenea, utilizada como despacho por el señor Batlló: dicha chimenea tiene forma de seta y está recubierta de losas de material refractorio, mientras que la pared está recubierta de pan de oro. La increíble araña de hierro y piedras acompaña la iluminación que se generan por el ventiluz natural que se comunica con la terraza. Los detalles de la ventana en vitro sobre las puertas nos acompañarán magicamente durante toda la recorrida.

De la sala de la chimenea pasamos a la antesala del Salón principal que tambien es parte del despacho del Sr Batlló. Nuevamente el detalle de las arañas en vidrio y oro es monumental. A continuación aparece el gran salón con vistas a Pº de Gracia con sus grandes ventanales por donde, gracias a las características cristaleras de las mismas, penetra la luz. Este gran salón está dividido en tres espacios mediante grandes puertas de roble y vidrios de colores que continúan con las formas sinuosas de toda la residencia y que si se abren permiten crear un imponente espacio único. Las ventanas, con marcos de madera, se suben y se bajan mediante contrapesos, con la particularidad de que no hay jambas ni montantes, de manera que es posible levantar todas las cristaleras y tener una abertura corrida, panorámica, por todo lo ancho del salón. Los vidrios de diferentes colores consiguen una luz maravillosa, que inunda el salón y lo hace impresionante. Además, una de las razones que convirtió a Gaudí en un genio del Modernismo catalán fue precisamente eso: el equilibrio perfecto entre estética y estructura. Todo en la Casa Batlló tiene un motivo, y sirve de forma específica a la estructura de toda la obra.

Desde el Gran Salón partimos por un pasillo lateral que recorre la casa hasta el contrafrente de la misma. En la pasada vamos viendo grandes detalles del edificio que lo terminan de configurar como un espacio único. Asi van apareciendo puertas de distintas formas y detalles o las rejillas de ventiluz que comunican los espacios con el patio central otorgándole un juego de iluminación y aire únicos o las columnas forjadas en trecandis, esa técnica modernista de aplicación ornamental del mosaico a partir de fragmentos cerámicos que Guadí representaba en su máxima expresión (relata una anécdota de la vida del artista, que Gaudí fue al taller de Lluís Brú y al ver como colocaban las piezas, agarró una baldosa y una maceta y rompiéndola exclamó: «A puñados se tienen que poner, si no, no acabaremos nunca). Tambien se ha considerado a Josep Maria Jujol (estrecho colaborador de Gaudí) como el encargado de aplicar esa 'técnica' y quien le dio la personalidad característica.

Al llegar al contrafrente salimos a la terraza del 2do piso. El patio posterior, de 230 m2, esta diseñado también enteramente por Gaudí alternando el trencadís y los discos cerámicos, como en la fachada. El actual pavimento del patio no es el original, que se deterioró y hubo que sustituirlo; mientras que el de Gaudí era un mosaico hidráulico de formas abstractas, el actual presenta unos dibujos en cenefas, en tonos ocres y marrones. Destacan la reja interior con relieve bien típico del modernismo y las jardineras, de forma triangular y recubiertas de trencadís, sobre un novedoso diseño gaudiniano.

En la parte central del edificio se ubica el patio de luces, que fue ampliado por Gaudí para conseguir una mayor iluminación y ventilación: tiene 13 metros de largo por 4 de ancho y 26 de altura, con un total de 54 m2 de superficie. La claraboya industrial que lo recubre deja pasar una gran cantidad de luz que se transforma en un arco iris de colores cuando se refleja en la cerámica de las paredes. El gran secreto del patio de luces es la milimétrica composición de gamas de azules y blancos de los cerámicos que la componen. Desde arriba hacia abajo comienzan en azul intenso variando en los tonos hacia el blanco final del subsuelo. Esto hace que la luz se refleje y baje completamente iluminando todos los espacios que la solicitan.

Las formas orgánicas siguen presentes en esta parte de la Casa Batlló, y se pueden observar en los bordes redondeados de las esquinas del patio de luces. Para conseguirlo, Gaudí mandó cortar la cerámica azul de cada uno de esos rincones de forma única para que encajaran a la perfección.

En la parte central del gran Patio de Luces surge el ascensor del edificio que se mantiene inalterable desde su construcción en 1904 y que actualmente funciona perfectamente. Subimos una planta donde a la puerta del Shop Store de la Casa Batlló nos encontramos con una pequeña exhibición de mobiliario original de la casa.

Casi tocando los cielos gaudianos de la casa Batlló llegamos al desvan, de 460 m2. Se trata de una zona de servicios para los inquilinos de las viviendas del inmueble con lavaderos, trasteros, etc. Se caracteriza por la sencillez de sus formas, la inspiración mediterránea a través del color blanco y por la omnipresencia de la luz. Destaca una sucesión de 60 arcos catenarios que evoca el costillar de un animal. Quizás del dragón situado sobre él, en la azotea. Esta zona actúa además como cámara aislante para las viviendas, protegiéndolas de las rigurosidades del clima, como era habitual en las buhardillas de las casas solariegas catalanas.

El remate del edificio es la azotea a la que se accede desde el desván Concibió este espacio de forma funcional, para situar las salida de humo y ventilación, aunque tampoco se olvidó de la parte estética, ya que los elementos que la integran están elaborados de una forma artesanal y con una plasticidad casi escultórica. En la azotea se encuentra un segundo desván, que contiene el tanque de agua que abastece al edificio. En el conjunto de las azoteas se destacan las chimeneas, un total de 27, dispuestas en cuatro grupos, de 6,10 metros de altura, de formas helicoidales y rematadas por sombreretes cónicos, revestidos de vidrio transparente en su parte central y de cerámica en la superior y rematadas por unas bolas de cristal transparentes rellenas de arena de distintos colores.

Para el arquitecto reusense, las azoteas de los edificios eran como los sombreros de las personas, que denotan personalidad, por lo que siempre los diseñaba detalladamente, como se demuestra tambien en el Palacio Güell y la Casa Milà. Asimismo, en la cornisa de la cubierta se sitúa un paso de ronda, al que se accede desde la escalera situada en la torre que remata el edificio, elemento igualmente presente en la Casa Milà. El pavimento lo realizó con los mosaicos de desecho del anterior edificio, dispuestos en trencadís, aunque con el tiempo fue sustituido. La azotea, igual que el desván, fue restaurada en 2004 y abierta al público.

Con Gaby ya en casa y nosotros descansados nos preparamos para terminar este fantástico día tan gaudiano y catalán en una de las mas tradicionales y mejor recomendadas taperías de Barcelona.... La Bodegueta. Este bar restaurante está situado en área privilegiada: Rambla Catalunya (Eixample). Su nacimiento data del 1940 y era una antigua bodega de vino a granel.

En la actualidad es un concurrido bar que entremezcla armónicamente a estudiantes, trabajadores con ganas de “afterwork”, turistas guiados por Time Out o Routards, y clientes habituales con cierto historial bodeguero de décadas. Se puede comer en mesa o en la concurrida barra. Siempre hay mucha gente esperando a poder sentarse.

Su especialidad son los vinos/vermouths y sobretodo sus tradicionales tapas: pimientos, tortilla de patatas, croquetas de cocido o jamón, olivas, huevos revueltos con jamón, bonito, patatas bravas, quesos o sus múltiples surtidos de embutidos (jamón ibérico buenísimo), entre otros ejemplos de su carta.

Arrancamos con tortilla de papas, jamon crudo ibérico, bombas de bacalao frito y navajas fritas, al rato unas buenas gambas al ajillo con unas navajas frescas a la plancha. Obviamente todo esto regado por un vermut tirado bien frío que me enloqueció.

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