Nuevo día y comenzamos con la recorrida en nuestro primer día completo en Barcelona. Ya bajando del departamento, sobre la esquina de enfrente de casa encontramos la famosa casa de la Pedrera de Antoni Gaudí. Para entender Barcelona hay que entender minimamente a este increíble arquitecto catalán del siglo pasado.

Antoni Gaudí i Cornet fue un arquitecto catalán que ha sido reconocido internacionalmente como uno de los expertos más prodigiosos de su disciplina, además de uno de los máximos exponentes del modernismo. Su genialidad excepcionalmente rompedora fue artífice de un lenguaje arquitectónico único, personal e incomparable difícil de etiquetar. Nació el 25 de junio de 1852 en Reus según uns biografías y en Riudoms según otras, una pequeña población cerca de Reus donde su familia veraneaba. Provenía de una familia de caldereros, hecho que le permitió al joven Antoni Gaudí adquirir una especial habilidad para tratar el espacio y el volumen mientras ayudaba a su padre y a su abuelo en el taller familiar. Su facilidad a la hora de concebir los espacios y la transformación de materiales prosperó hasta convertirse en el genio de la creación en tres dimensiones que posteriormente demostraría ser. El año 1870 se trasladó a Barcelona para cursar sus estudios de arquitectura a la vez que se ocupaba con diversos empleos que le permitían pagarse los estudios. Fue un estudiante irregular, pero que ya manifestaba algunos indicios de genialidad que le abrieron las puertas para colaborar con algunos de sus profesores.

Cuando en 1878 culminó sus estudios en la Escuela de Arquitectura, el director, Elies Rogent, declaraba: “No sé si hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá.” Era innegable que las ideas de aquel joven no eran una mera repetición de lo que se había hecho hasta el momento ni dejarían a nadie indiferente. Una vez obtenido el título, Antoni Gaudí se estableció por su cuenta en su despacho de la calle del Call en Barcelona desde donde, con gran entrega, inició el inconfundible legado arquitectónico gran parte del cual es considerado Patrimonio de la Humanidad. Pero el encuentro que resultó en una de las relaciones de amistad y mecenazgo más productivas de la historia se produjo a mediados de 1878, cuando la casualidad quiso que el artista y Eusebi Güell, un impulsor de la industria nacional con un acentuado gusto por las artes, cruzaran caminos. La relación que se inició desde aquél momento no fue únicamente la de cliente-arquitecto, sino que resultó en un vínculo de admiración mutua y aficiones compartidas, tejiendo una amistad que dio al arquitecto la oportunidad de iniciar una trayectoria profesional llena donde poder desarrollar todas sus cualidades artísticas. Durante su etapa de madurez, las obras maestras se fueron sucediendo las unas tras las otras: la Torre Bellesguard, el parc Güell, la restauración de la catedral de Mallorca, la iglesia de la Colonia Güell, la Casa Batlló, la Pedrera y, finalmente, la Sagrada Familia.

La Casa Milà, conocida popularmente como «La Pedrera», es un edificio singular, construido entre 1906 y 1912 por el arquitecto Antoni Gaudí (1852-1926) y declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO el año 1984. Actualmente, el edificio es la sede de la Fundación Catalunya-La Pedrera y aloja un importante centro cultural de referencia en la ciudad de Barcelona por el conjunto de actividades que organiza y por los diferentes espacios museísticos y de uso público que incluye. Conocida como «La Pedrera» por su aspecto exterior, parecido al de una cantera a cielo abierto, la Casa Milà fue un encargo que el industrial Pere Milà i Camps y su esposa, Roser Segimon i Artells, viuda de un adinerado indiano de Reus, hicieron a Antoni Gaudí el año 1906.

La idea era construir un edificio en la parcela en el límite entre Barcelona y Gracia, como residencia familiar, pero también con pisos de alquiler, en un momento en que el Ensanche de Barcelona se convirtió en el principal motor de la expansión urbanística de la ciudad, lo que trasformó al paseo de Gracia en el nuevo centro residencial burgués. La Pedrera se construyó como dos bloques de viviendas, con accesos independientes, intercomunicados por dos grandes patios interiores y con una sinuosa fachada común que transmite el ritmo interior. La estructura de la casa está hecha de pilares y permite disponer de una planta libre con grandes aberturas en la fachada. El edificio supuso una ruptura con el lenguaje arquitectónico de las obras de Gaudí, por la innovación tanto en sus aspectos funcionales como en los constructivos y ornamentales. En su plenitud profesional, a los cincuenta y cuatro años, después de haber conseguido un estilo propio e independiente respecto a los estilos históricos, Gaudí proyectó la Casa Milà (1906-1912), que se acabó convirtiendo en su última obra civil y, al mismo tiempo, en una de las más innovadoras en los aspectos funcionales, constructivos y ornamentales. De hecho, gracias a sus propuestas artísticas y técnicas, siempre ha sido considerada una obra de ruptura, fuera de los esquemas de su tiempo, una rara avis dentro del propio modernismo y, especialmente, una obra que se ha anticipado a la arquitectura del siglo XX.

La Casa Milà es la cuarta y última de las obras que Gaudí realizó en el paseo de Gracia, en aquel momento la avenida más importante de la ciudad, que comunicaba la Barcelona vieja, que había derribado las murallas, con la villa de Gracia. Aunque se la conoce oficialmente con la denominación de Casa Milà porque fue una iniciativa inmobiliaria de esta familia, que también estableció allí su residencia, popularmente recibió el sobrenombre de «La Pedrera», que irónicamente alude, como ya se ha dicho, a su aspecto exterior, parecido a una cantera a cielo abierto.

La Casa Milà tiene tres fachadas, una en el paseo de Gracia, otra en la calle Provenza, y otra que hace chaflán, siguiendo el esquema habitual del Ensanche proyectado por Cerdà. Sin embargo, las tres presentan una continuidad formal y estilística que, por su forma sinuosa y ondulada, parece una roca modelada por las olas del mar. El conjunto de entrantes y salientes imprime un dinamismo al conjunto que le otorga la sensación de estar en movimiento, a la vez que crea un juego de luces y sombras en constante cambio según la hora del día o la posición del espectador. Además de la forma ondulante de los muros de la fachada, la presencia de 33 balcones de hierro forjado, con una original forma similar a algas marinas, convierten el conjunto en una obra casi escultórica de gran tamaño. La mayoría de barandillas tiene una forma más bien abstracta, aunque se encuentran algunos detalles puntuales como una paloma, una máscara de teatro, una estrella de seis puntas, diversas flores y el escudo catalán. Las tres fachadas, de 30 metros de altura, contienen 150 ventanas, con diferentes soluciones estructurales, formas y tamaños, siendo más grandes las inferiores y más pequeñas las superiores, que reciben más luz. La piedra utilizada para su construcción tiene dos procedencias, una más dura, del Garraf, en la parte inferior; y otra menos dura, de Villafranca del Panadés, en la parte superior. Ambas dan un acabado en color blanco crema, que genera diversas tonalidades según la luz incidente, y están acabadas con una textura rugosa, que proporciona un aspecto orgánico.

En esta oportunidad la visitaremos sólo de afuera, el interior queda para unos días posteriores, en donde Gaby armó la reseña de lo vivido en este precioso espacio del modernismo catalán.

Y ahora damos comienzo a una caminata completa a la hermosa Avenida Passeig de Gracia. Recorreremos lo que hasta 1827 fue un camino, el Camino de Jesús, que unía la ciudad de Barcelona con la vecina población de Gracia. Y es que la Barcelona de principios del XIX vivía sofocada y hacinada dentro de las murallas, lo que propició el nacimiento de pueblecitos en su alrededor: Gracia, Sant Gervasi, Sants…

Con el derribo de las murallas en 1854, y el inicio del Eixample barcelonés cinco años después, siguiendo el proyecto de Ildefonso Cerdá, el Paseo de Gracia adquirió una gran relevancia. Inicialmente se construyeron en él viviendas unifamiliares con jardín y se emplazaron cafés, teatros, restaurantes, salones de baile… Así, poco a poco, esta avenida se convirtió en la zona de recreo preferida por la burguesía. Más adelante, y tras la Exposición Universal de 1888 celebrada en la Ciudad Condal (nombre con el que también se conoce a Barcelona), estas casas fueron sustituidas por edificios de cuatro pisos con talleres en sus bajos. Poco a poco la burguesía empezó a instalarse en este paseo, compitiendo en la contratación de los arquitectos más famosos a los que se encomendaba la construcción o remodelación de los edificios en los que generalmente en los primeros pisos situaban sus viviendas. Los nuevos edificios albergaban en sus bajos farmacias, cines, restaurantes, tiendas y colmados. Así ahora podemos admirar en el Paseo de Gracia muestras de la corriente modernista imperante en esa época, en edificios obra de Gaudí, Domenech i Montaner, Puig i Cadafalch, Josep Vilaseca i Casanovas y otros muchos arquitectos de la época.

Si tuviéramos que elegir un icono de Paseo de Gracia uno de los principales candidatos sería alguna de las 32 farolas-bancos inauguradas el 21 de diciembre de 1906 y diseñadas, expresamente para este lugar, por el entonces arquitecto municipal de Barcelona Pere Falqués i Urpí. En total, a lo largo del Paseo, hay distribuidas 32 farolas-bancos que son una buena muestra del gusto modernista por la línea curva. Constituyen, además, un excelente ejemplo del diseño barcelonés ya que se funden en una misma pieza dos elementos distintos: un banco para sentarse y descansar y una farola que ilumina tanto la calzada como la acera. Todo tratado con un carácter cercano a la escultura que la hace, además de útil, estéticamente bella. El banco, sólido y macizo, está trabajado con la técnica del trencadís (quebradizo), característica del modernismo catalán. La superficie está cubierta totalmente a base de fragmentos de cerámica blanca como si de un mosaico o puzle de amplias teselas se tratara. El banco, además de su función, como lugar de descanso, es la base de una farola de hierro forjado. Del banco arrancan dos altas y finas vigas de hierro que, a media que se levantan del del suelo se van curvando hacia la calle y terminan unidas como si se tratara de una esbelta media luna. Otras dos columnas finas, formando un ángulo recto, unen la punta de la media luna, de donde cuelga la luz que ilumina la calzada, con el banco.

En la actualidad el Paseo de Gracia sigue siendo una de las más, si no la más, importante avenida barcelonesa. Los edificios modernistas se han restaurado y las plantas bajas albergan restaurantes, cafeterías, joyerías y firmas de moda tan reconocidas como Louis Vuitton, Loewe, Armani, Cartier, Gucci o Ives Saint Laurent.

Unos pasos mas por la Passeig de Gracia y llegamos a un punto neurálgico e imperdible de Barcelona...La manzana de la discordia. La llamada Manzana de la Discordia es el conjunto más famoso de edificios modernistas de Barcelona integrados en una sola fachada. Es la manzana situada en el Pg. de Gràcia entre las calles Aragó y Consell de Cent, y es una muestra de los contrastes de las distintas tendencias arquitectónicas del momento. El nombre de la Manzana de la Discordia, remite a la boda de Peleo y Tetis de la mitología griega, dónde habían sido invitados todos los dioses a excepción de la diosa de la Discordia, Eris que, se presentó en la boda con una manzana dorada a modo de regalo con la palabra Kallisti (A la más bella). Varias diosas se pelearon por obtener dicha manzana, Zeus zanjó la lucha ordenando que Paris, príncipe de Troya sería quien emitiría el juicio. Paris finalmente ofreció el fruto a Afrodita. Se han encontrado similitudes entre este episodio y la rivalidad existente entre los arquitectos del modernismo y en realidad, sus propietarios por tener el edificio más bello de la citada manzana de casas de Paseo de Gracia. Además, el paralelismo que ofrece el hecho de que en el episodio griego el símbolo sea una manzana y aquí se hable de una manzana de casas.

La primera de las casas que vemos es la obra genial de Antoni Gaudí, la casa Batlló. La actual Casa Batlló, es el resultado de la reforma total de una antigua casa convencional construida en el año 1.877 por Emilio Sala Cortés. Gaudí recibió el encargo para la renovación total del inmueble del propietario Josep Batlló i Casanovas (industrial textil). Sobre esta base, Gaudí construyó esta sorprendente casa, una de las más fantasiosas y especiales de Barcelona. El proyecto de Antoni Gaudí i Cornet en el año 1904, fue fuertemente cuestionado por las autoridades municipales de la época, debido a una serie de elementos en el diseño de Gaudí que superaban ampliamente los límites de las ordenanzas municipales. Lo que en principio era una simple reforma de un edificio ya construido, dio la oportunidad a Gaudí para crear una de sus más poéticas y decorativas obras.

Las formas orgánicas que Gaudí utilizó en la restauración de la Casa Batlló reúnen todo un universo simbólico de inspiración marina que transporta a quien la observa a un mundo onírico de paisajes encantados y fantásticos. No deja de llamar la atención, como sucede con la mayoría de los proyectos del arquitecto catalán, la utilización de elementos arquitectónicos precursores de las vanguardias de finales del siglo XX, tanto en los conceptos como en la metodología utilizada, consiguiendo una gran funcionalidad en sus espacios, sin perder ni un ápice de su valor artístico. La Casa Batlló es una obra maestra de forma, color y luz en la que con su idea moderna de la ventilación Gaudí se anticipa a la tesis del racionalismo, que vendrá 30 años después. La Casa Batlló, al igual que la Cripta de la Colonia Güell, el Parque Güell, La Pedrera, la Casa Calvet y la restauración de la Catedral de Palma de Mallorca, pertenece a la etapa naturalista, periodo en que el arquitecto perfecciona su estilo personal, inspirándose en las formas orgánicas de la naturaleza, para lo que puso en práctica toda una serie de nuevas soluciones estructurales originadas en los profundos análisis efectuados por Gaudí de la geometría reglada.

La ondulada fachada cubierta con mosaicos de espléndidos colores es probablemente la más sugestiva, creativa y original de la ciudad. La entrada principal se ubica a la izquierda del edificio y a la derecha el acceso a las cocheras. Los balcones parecen fragmentos de cráneos con las aberturas de los ojos y la nariz. Las losas de los balcones se cambiaron por unas de planta curvada y encima se colocaron las famosas barandillas que tantas interpretaciones han originado. Todos los balcones, a excepción del que está en el desván o uno doble por debajo de la torre con la cruz, tienen el mismo tamaño. Las columnas de la tribuna del primer piso recuerdan huesos humanos. Esta tribuna incorporada en la planta noble del edificio, y que vuela unos metros sobre la acera, dispone de grandes ventanales ovalados en cuyo centro aparecen las columnas de piedra con forma de huesos y las “máscaras” en los balcones, figura que se repite en las siguientes plantas. Las grandes ventanas ovaladas vuelven aparecen nuevamente en los extremos de la planta que está por encima de la planta noble y que forman parte de la tribuna.

El revestimiento de la fachada, detalle ornamental que conjuntamente con los “antifaces” de sus 7 balcones, el balcón terraza y el del desván con forma de flor y que dan el aspecto onírico al edificio, fue realizado con “trencadís de vidrio” (vidrio triturado) y cerámicos de colores colocados sobre un mortero de cal y sobre ellos se esparcieron 330 discos cerámicos con colores y tamaños diferentes 15, 21, 27 y 35 cm. Sobre la tribuna de la planta noble aparecen 4 terrazas con balaustras de piedra. El balcón del desván tiene forma de flor. Es en esta parte alta del edificio donde aparecen algunos elementos que rompen la simetría de la fachada, en primer lugar el rebaje en el techo de cerámicos, la terraza y el torreón rematado con una cruz en tonos marfil y también revestido con trozos de cristal y con los monogramas de Jesús, María y José.

El tejado que corona la residencia es uno de los más característicos de Gaudí para edificios urbanos, culminado con una forma ondulada que recuerda la espalda arqueada de un dragón; está recubierto de tejas cerámicas que parecen escamas. Este original tejado acoge en su interior un gran desván en la línea del de Bellesguard. Todos estos desvanes están construidos con ladrillo visto, dispuesto en forma de arcos con una gran fuerza de sustentación. En un lateral del tejado se ubica una torre con la cruz de cuatro brazos típica de Gaudí, señalando los cuatro puntos cardinales.

Al lado de la casa Batlló se encuentra otra joya de la manzana de la discordia...La casa Amatller. El industrial chocolatero Antoni Amatller encargó la remodelación del inmueble, hasta ese entonces Casa Martorell, de aproximadamente 800m2 que había comprado por 490.000 pesetas sobre el Paseo de Gracia de Barcelona al arquitecto catalán Josep Puig i Cadafalch. Este proyecto de Cadafalch que combina el estilo neo-gótico con un curioso escalonado a dos aguas fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1976. La Casa Amatller es uno de los máximos exponentes de la arquitectura modernista, incorporando elementos del Gótico Catalán. Desde 1960 la casa depende el Instituto Amatller de Arte Hispánico, fundación creada por los descendientes de Antonio Amatller. Con el paso de los años parte de la planta baja ha sido ocupada por una prestigiosa joyería catalana cuya trayectoria se basa en los diseños modernista y art decó.

Josep Puig i Cadafalch que además de arquitecto, político e historiador de arte fue un defensor de la necesidad de que Catalunya recuperase su imagen como potencia económica recuperada gracias a la industrialización a lo largo del siglo XIX, propuso una arquitectura moderna que mostrase al mundo el empuje de la sociedad catalana de la época y a su vez revalorizara las artes tradicionales adaptándolas a los nuevos materiales y necesidades. Este trabajo forma parte del período “rosa” o modernista del arquitecto. Se trata de una típica casa de estilo gótico urbano, una mansión unifamiliar con elementos flamencos, como el llamativo frontón escalonado creado en azulejos de cerámica. Su diseño rompe con los componentes clasicistas propuestos por el Plan Cerdá para la construcción en Barcelona al proponer una fachada irregular, superar los 22m de altura e introducir el cromatismo como elemento destacado dentro de un entorno urbano uniforme. Una propuesta singular que marca la introducción del Modernismo en l’Eixample de Barcelona. La nueva fachada de la finca es casi plana, a excepción de los balcones de la primera planta, con sus errajes, barandillas y remates, recubiertos por con un mosaico triangular de cerámica o decorado con columnas y relieves de piedra sobre una pared adornada con relieves. El formato que resalta a primera vista es su escalonamiento a dos aguas, remarcado en la parte superior por un friso de cerámicos que sigue el contorno. Las aberturas en las fachada son desiguales en cada planta, una búsqueda por parte de Cadafalch de una asimetría equilibrada y una irregularidad aparente pues todas las dimensiones horizontales están estrictamente determinadas a partir de un módulo de 55cm que coincide con los soportes del balcón, 110 cm en las puertas balconeras, ventanas y galería, 220 cm de separación entre las puertas balconeras del principal, 330 cm de separación entre las ventanas del 1er piso.

A continuación de la casa Amatller aparecen dos casas de características menores a sus predecesoras. La primera es la casa Bonet, conocida inicialmente como casa Torruella fue construida en 1887 por Jaume Brossa. En 1915 Josefina Bonet reformó la fachada, obra que dirigió el arquitecto Marcel • lí Coquillat y Llofriu. Esta casa está edificada entre medianeras, de planta baja y cinco plantas piso que, conjuntamente con la vecina casa Mulleras, es un interesante elemento que complementa la "manzana" de la discordia. La fachada actual es el producto de la reforma realizada en 1915. Resuelta con un clasicismo poco brillante, que tiene poco que ver con la arquitectura modernista, excepto en algunos detalles, en la que destacan las ventanas italianizantes de las plantas primera y segunda y el cuerpo central de coronamiento. El elemento más destacado es la tribuna de dos pisos y los detalles ornamentales que decoran los dinteles del piso superior. La planta baja también responde a una modificación posterior. Pegada a la casa Bonet aparece otra obra menor de la manzana de la discordia...la casa Mulleras. La antigua casa Ramon Comas, construida por Pau Martorell en 1868, fue adquirida por Ramon Mulleras y completamente reformada por Enric Sagnier, 1906. La sobriedad ornamental y el clasicismo de su composición lo alejan del pleno modernismo de los edificios vecinos. La fachada tiene como elemento más destacado la tribuna central, que sirve de balcón del piso superior. El balcón corrido el tercer piso y el friso horizontal por debajo, dividen la fachada en dos tramos y refuerzan la horizontalidad.

La última casa de la manzana de la discordia es otra de las importantes, la famosa casa de Lleó i Morera. La Casa Lleó i Morera fue un proyecto encargado por Francesca Morera i Ortiz en 1902 al arquitecto Lluís Domènech i Montaner. En el Paseo de Gracia, 35 de Barcelona existía una antigua casa, llamada Rocamora, construida en 1864 por el maestro de obras Joaquim Sitjas. Lluís Domènech i Montaner proyectó una reforma integral de la casa preexistente, utilizando gran variedad de materiales y que se extenderá hasta 1906. Francesca Morera i Ortiz heredó la casa de su tío, Antoni Morera i Busó, pero murió antes de ver finalizada la reforma. Fue su hijo, Albert Lleó i Morera, quien se hizo cargo de las obras, dándole el nombre con el que se la conoce actualmente, Casa Lleó i Morera. Lluís Domènech i Montaner hizo una remodelación del anterior edificio, consiguiendo una auténtica obra modernista. Su propietaria le encargó derribar y reconstruir la fachada, colocar tres tribunas y balcones de piedra en los diferentes pisos, y hacer las obras del interior. El arquitecto, para poder realizar esta obra modernista, se rodeó de un grupo numeroso de artistas y artesanos, reconocidos por su capacidad creativa, como el escultor Eusebi Arnau, el mosaicista Mario Maragliano y el ebanista Gaspar Homar, entre otros. La fachada y el entresuelo fueron decorados con diferentes ornamentos, entre los que destacaban las esculturas de Eusebi Arnau que representaban dos parejas de figuras femeninas, pero que fueron destruidas en una reforma de los bajos de la Casa en 1943. En la fachada encontramos continuas alusiones al apellido de la familia, representando la flor de la morera con diferentes materiales, o las alegorías de los inventos del siglo XX. La fachada está coronada por un templete que excedía la altura permitida por el Ayuntamiento de Barcelona y por el que se tuvo que pedir el permiso necesario. El estallido del Modernismo lo encontramos en el interior, con uno de los conjuntos mejor conservados de la ciudad: vitrales, mosaicos, cerámica, escultura, madera, mármol, esgrafiado ... El vestíbulo y la escalera nos muestran las diferentes artes aplicadas modernistas que los artistas y artesanos supieron plasmar partiendo de la idea y la dirección del arquitecto.

Unos pasitos mas y nos encontramos en la rotonda que une el Passeig de Gracias con la Gran Via de les Corts Catalanes (comunmente conocida como la Gran Via). Por detrás se ve el Edificio de Zara y Las Casas Rocamora. Otro de los edificios que forman parte de la "ruta del modernismo" barcelonés, ubicado en el Paseo de Gracia esquina Caspe, son las Casas Rocamora. Este es uno de los edificios más grandes de la zona, ya que en realidad son exactamente cuatro edificios unidos con la misma estética y el mismo estilo arquitectónico, teniendo varios portales de entrada, que van del 6 al 14 de Paseo del Gracia. Fueron diseñados por Joaquim y Bonaventura Bassegoda en 1914, en estilo neogótico. Está construido en piedra, destacan las ventanas de forma semicircular, los balcones, las trabajadas tribunas, las barandas torneadas y los diferentes motivos decorativos realizados también en piedra. La fachada está rematada, en su parte superior, por llamativos pináculos, cuatro tipo cúpulas y uno destacado, justo en la esquina, en forma de torreón. Esas cúpulas y torreón circulares están recubiertos por escamas de cerámica de color anaranjado, que contrastan vivamente con el blanco de su fachada. La parte inferior de este edificio está ocupada por tiendas, pues la zona es eminentemente comercial. Esta gran edificación está situada en el denominado "quadrat d'or" (cuadrado de oro) del Paseo de Gracia y abarca casi la totalidad de la manzana .

En la misma rotonda nos encontramos con el Palau Marcet devenido hoy en el famoso Cine Comedia. En una de las esquinas más famosas de Barcelona se encuentra este antiguo palacete urbano que mandó construir en 1887 un importante representante de la burguesía industrial catalana de principios del s. XIX. En su interior había grandes jardines (hoy ocupados por el cine y el Hotel Avenida Palace). Sufrió una gran reforma en 1934 (aunque todavía mantiene en gran parte todo su esplendor) y en 1935 se proyectó como teatro de gran nivel (proyecto que la Guerra Civil dejó pausado). Tras la guerra se destruyó todo el interior y se dejó toda la parte de la fachada para construir el ansiado teatro que Josep Maria Padrón había proyectado pocos años antes. En el año 1960 pasó a ser un cine y cambió su nombre a Cine Comedia, nombre con el que la mayoría de barceloneses conocen a este edificio hoy en día.

Frente al Cine Comedia aparece un de las famosas Fuentes Wallace. Sir Richard Wallace (Londres, 1818 – Neuilly-sur-Seine, 1890), aristócrata, mecenas y vividor, consagró una parte de su abundante fortuna a ayudar a los menos afortunados y financiar proyectos sociales. Entre ellos viendo la crisis de aprovisionamiento de agua y la sequía que hubo en París en 1870, financió la construcción de alrededor un centenar de fuentes, que hizo distribuir por toda la ciudad, con un objetivo de salud pública y al mismo tiempo artístico. El trabajo se le encargó al escultor Charles Lebourg con una serie de instrucciones claras: debían ser suficientemente grandes para ser vistas de lejos, pero sin romper la armonía del paisaje, debían combinar utilidad y estética, teniendo un precio razonable y construidas con un material perdurable y fácil de trabajar. Las fuentes wallace son unas fuentes de hierro forjado, de color verde oscuro, con cuatro cariátides vestidas con un ligero drapeado de estilo jónico, que sostienen una pequeña cúpula con cuatro peces.Cada figura, diferente entre sí, representa una virtud: la Bondad, la Simplicidad, la Caridad y la Sobriedad, que a su vez representan las 4 estaciones del año: invierno, primavera, verano y otoño respectivamente. A la ciudad de Barcelona, con motivo de la Exposición Universal de 1888, le tocaron doce, de las cuales sólo quedan dos originales en lugares visibles. Una es la fuente wallace que se encuentra entre Gran Vía y Paseo de Gracia.

Doblamos a la derecha por la Gran Via para atravesar una pequeña plazoleta llamada Los Jardines de la Reina Victoria. En ella aparece el bello monumento de Frederic Marés a Frances Soler i Rovirosa. Frances Soler i Rovirosa fue un pintor y escenógrafo catalán, considerado el mas grande escenógrafo de Cataluña, que vivió entre 1836 y 1900. En 1912, Carles Costa propuso erigirle un monumento, para que todo el mundo recordase a este artísta del arte efímero. Consta de un pedestal donde hay un medallón con la efigie del artista, sobre el que reposa una figura femenina desnuda, con una simbólica rosa en la mano, hecha en mármol blanco. Es la típica imagen novecentista, de formas suaves y de una serenidad clásica y se considera la obra de consagración del escultor gerundense".

En la otra punta de la plazoleta aparece el monumento a Joan Güell i Ferrer. Joan Güell i Ferrer (1800 - 1872) fue un empresario catalán, fundador de la empresa textil Vapor Vell en el distrito de Sants. Fue un abanderado del proteccionismo, y fundador de varias asociaciones patronales, como la Junta de Fábricas, el Instituto Industrial de Cataluña y el Fomento de la Producción Nacional. También desempeñó diversos cargos públicos, como concejal, diputado y senador. Su hijo, Eusebi Güell i Bacigalupi, igualmente empresario, fue el mecenas de Antoni Gaudí. El proyecto fue encargado al arquitecto Joan Martorell, quien diseñó un ampuloso pedestal compuesto por un basamento octogonal sobre el que se elevaba un podio cuadrado con columnas estriadas adosadas a sus cuatro ángulos, en cuya parte inferior se encontraban cuatro figuras alegóricas esculpidas en altorrelieve: la Agricultura, obra de Maximí Sala; el Arte, de Francesc Pagès i Serratosa; la Marina, de Eduard Alentorn; y la Industria, de Torquat Tasso. Coronaba el monumento la figura del homenajeado, obra de Rossend Nobas. En 1936, en el transcurso de la Guerra Civil, la estatua de Güell fue derribada, y el pedestal fue dedicado a las víctimas del 19 de julio de 1936, aunque poco después fue también destruido. Entre 1941 y 1945 el monumento fue reconstruido por el arquitecto Joaquim Vilaseca y el escultor Frederic Marès, quien realizó la estatua del empresario basándose en fotos del original, obteniendo un resultado bastante parecido. Sin embargo, el pedestal fue totalmente remodelado, con una base de forma prismática de 5 metros de altura, con un medallón en su parte frontal con el escudo de Barcelona sostenido por angelotes, y en los otros tres costados relieves alegóricos del Comercio, la Industria y la Navegación, en un estilo cercano al art déco. Por otro lado, el monumento fue cambiado de sitio y situado unos metros más adentro de la Gran Vía, en dirección al Paseo de Gracia con lo que la La figura de Joan Güell quedó entonces mirando hacia la Plaza de España, en vez de hacia el mar como hasta entonces.

En la pequeña rotonda del cruce de la Gran Via y la Rambla de Cataluña aparece una fuente llamada Niños cabalgando peces (1928), de Frederic Marès. Esta fuente con surtidores de agua y cuatro de las figuras que indica el título fue trasladada en 1961 a su lugar actual desde la plaza Cataluña. Las figuras son dinámicas y dotadas de una personalidad propia, cada una con un sello diferencial: hay dos niños y dos niñas, los primeros aparecen uno con un tridente y otro con los brazos en alto, mientras que las segundas se encuentran una soplando una caracola y otra sujetando una serpiente.

En esta punta de la Rambla de Cataluña tenemos la escultura de Josep Granyer "El toro sentado o Meditación". Después de la Guerra Civil Española,este escultor y grabador español, realizó unas esculturas animalistas en la que los animales adoptaban actitudes humanas con aire irónico, muestra de ello son las esculturas emplazadas en la Rambla de Cataluña en Barcelona. Junto a la Gran Vía está El toro pensador (oficialmente titulado El toro sentado o Meditación) y en la Diagonal sorprende La jirafa coqueta, la que veremos en otra entrada cuando recorramos la Rambla desde la Diagonal. Ambas esculturas están inspiradas en obras maestras como El pensador de Rodin y la Venus Victrix de Antonio Canova, respectivamente. El origen de estas piezas está en una reivindicación de la asociación de Amics de la Rambla para proteger el paseo de un proyecto devastador que quería convertirla en una arteria de circulación. Para evitarlo recurrieron al arte, vendiendo el paseo como un parque de esculturas de Josep Granyer, lo que salvó la rambla a pesar de no llevarse a cabo en su totalidad, dado que en vez de las diez estatuas que debían decorar cada una de las esquinas del paseo solo se hicieron la primera y la última.

Desde la Rambla se llega a ver el Templo del Sagrado Corazón de Jesús en el monte Tibidabo. Esta magnífica obra del arquitecto Sagnier i Villavecchia comenzó en 1902 y finalizó su hijo en 1961.El templo se construyó gracias a la donación de la “Junta de Caballeros Católicos” del terreno hacia San Juan Bosco y a que éste lo cedió con el fin de que se construyera el templo del Sagrado Corazón de Jesús. Este edificio es el tercero en el mundo de este tipo junto al Sagrado Corazón de Roma y el Sagrado Corazón de París. El Templo está rodeado por una muralla fortificada de piedra de Montjuic, es de estilo neogótico y cuenta con una doble escalinata. El conjunto tiene una cripta inferior y la iglesia en la parte superior de estilo románico que combina con el gótico del templo.

En este lugar tan emblemático de Barcelona tambien encontramos la Casa Pia Batlló. La Casa Pia Batlló es un edificio en la esquina de la Rambla de Catalunya con la Gran Vía de las Cortes Catalanas, en el distrito del Eixample de Barcelona. Está considerada una obra arquitectónica de estilo modernista, y fue catalogada como bien cultural de interés local. Fue edificada entre el 1891 y el 1896, siguiendo un proyecto de Josep Vilaseca. A pesar de las mutilaciones que ha sufrido a lo largo de los años, es una obra muy representativa de su autor, que la realizó en un lenguaje ecléctico muy particular, de inspiración gótica. Se considera una de las primeras muestras del modernismo catalán, a pesar de presentar reminiscencias del gótico veneciano. La composición de la fachada se centra en el chaflán, donde se colocan el portal y la tribuna asentada sobre él, el cual se articula con los laterales mediante unas tribunas poligonales coronadas por torretas de tejas vidriadas y coronadas por miradores de hierro forjado y vidrio. El coronamiento de las fachadas queda remarcado por una falsa arquería, en la que sólo algunos arcos coinciden con aberturas reales. Abundan los elementos escultóricos y de hierro de diseño minucioso y de inspiración fantástica. El edificio también destaca por su rica ornamentación con representaciones de animales fantásticos, pudiéndose apreciar dragones, gifs y otros seres mitológicos, así como motivos florales.

Para terminar de recorrer con la mirada este punto neurálgico del Eixample nos encontramos con el Teatro Coliseum. Situado en la Gran Via de les Corts Catalanes, el imponente edificio del Teatro Coliseum ofrece a los barceloneses los espectáculos teatrales más conocidos e innovadores del momento desde el año 2006. Su historia, sin embargo, se remonta a un tiempo muy anterior, cuando el arquitecto Francesc de Paula Nebot lo creó en el año 1923 como cinematógrafo por encargo de Josep Solà i Guardiola, Victorià Saludes y el marqués de L’Argentera. Inspirado en la Ópera de París, el edificio se creó en un estilo similar al de beaux-arts francés, con una fachada monumental y dos columnas neobarrocas. Además, se coronó con una cúpula diseñada por Valeri Corberó, que ha sido utilizada por diversas entidades culturales a lo largo del tiempo.

Y ahora llegamos a un emblema de la ciudad de Barcelona, la plaza de Cataluña. La plaza Cataluña constituye un punto de unión no sólo físico, sino dentro de la historia de Barcelona, al que llegan las vías de la antigua ciudad amurallada y de las que salen las nuevas calles que constituyen el ensanche. Aunque este dato pueda ser de conocimiento general, y además algo físicamente obvio, hay pocos que saben que el nombre de esta plaza se remonta a muchos años atrás. Antes de que el ensanche existiera, o estuviera planificado, había una explanada frente a la puerta del Portal del Ángel y las Ramblas, a la que la gente se refería comúnmente como “Plaça Catalunya”. Aquí se producía una gran proliferación de mercados de todo tipo; además, se celebraban ferias o fiestas populares, entre otros muchos eventos, destacando la importancia que ya en su día tenía este espacio para la vida ciudadana, importancia que continúa hasta nuestros días, siendo lugar de encuentros, celebraciones y reivindicaciones como la del 15M.

Alrededor de la plaza Catalunya aparecen varios edificios significativos de nombrar como por el ejemplo el Edificio Banesto. Uno de los edificios de estilo neoclásico más reconocibles de la ciudad por estar situado en mitad de la Plaza Catalunya, albergó el célebre Hotel Colón y durante la Guerra Civil española alojó a los miembros del PSUC. Después pasó por las manos de Banesto y Cajamadrid (de donde coge el nombre). Aunque originalmente se construyó en 1902, con ampliaciones en 1916, no fue hasta 1942 que el arquitecto Eusebi Bona Puig lo rediseñó tal y como lo conocemos hoy. Lo curioso es que intentó seguir las líneas arquitectónicas del edificio colindante (el edificio Pich i Pon). En el 2010 el edificio fue vendido por 53 millones de euros y desde hace poco tiempo, en los bajos del edificio, Apple instaló una de sus tiendas más grandes del mundo. Los proyectos que esperan para darle un futuro a las plantas superiores son todavía una incógnita.

La plaza se encuentra rodeada por centros comerciales, tiendas, hoteles, bancos, bares y restaurantes, por lo que compone un importante centro comercial y de ocioVarios edificios megatiendas rodean la Plaza Catalunya. En una de las esquinas está la imponente tienda El Corte Ingles, en otra se eleva el shopping El Triangle con una tienda de electrónicos FNAC incluído. Tambien tenemos otro de los clásicos que visitamos en todos los viajes, el Hard Rock Café.

El primer dato curioso sobre esta plaza es que nunca fue pensada como tal. De hecho, en el S. XIX se produjo un anuncio de que no se construiría una plaza en ese enclave, lo que llevó a que la ciudadanía se “apropiara de ella”. Comenzó una carrera de grandes personalidades de la época, compitiendo por poner allí sus sedes y demostrar así su poderío. La primera de ellas sería “Casa gibert” ubicada en el interior de la plaza actual. En 1860, la reina Isabel II acude a la ceremonia de la primera piedra para la construcción del ensanche. Esa piedra se encuentra hoy en día en donde hoy se encuentran las dos fuentes monumentales. A raíz de este hecho, otros muchos hombres de negocios quisieron construir sus casa en este enclave para demostrar su potencial a la ciudadanía, encontrando casas como: “Casa Estruch”, “Casa Rosich” o “Casa Grases”. También proliferaron los espacios de ocio como “El Circo Ecuestre”, “El Panorama” o “La Pajarera”. En 1862 el ayuntamiento de Barcelona pide a estamentos del Estado permisos para poder urbanizar la plaza que no fueron concedidos. Aún así, un año más tarde, en 1863 se encarga a Víctor Balaguer la nueva toponimia de las calles del ensanche.

Dentro de la plaza las Fuentes Gemelas son el corazón de la misma. Estas dos fuentes ornamentales estan situadas en la terraza superior de la plaza, en la galería de estatuas procedentes de la Exposición Universal que tuvo lugar en el año 1929. Están formadas por dos vasos simétricos y dos locales técnicos situados bajo la plaza a los que se accede desde el intercambiador de transporte. Este conjunto monumental se construyó en 1959 y el autor del proyecto fue Espiau Seoane, que entonces ocupaba el cargo de jefe de Servicio de Juegos de Agua y Iluminaciones del Ayuntamiento de Barcelona.

Dos de las obras mas emblemáticas de la plaza Catalunya son "La diosa" de Josep Clarà, y "Monumento a Francesc Macià" de Josep Maria Subirachs. La Diosa, también conocida como El enigma, esta obra se encuentra en un estanque encarado hacia las Ramblas, y fue un encargo directo al autor ajeno al concurso de 1927. De hecho, la obra se ejecutó sobre un modelo original de 1911. Colocada en la plaza en septiembre de 1928, al tratarse de un desnudo recibió fuertes críticas por parte de sectores moralistas, por lo que a los tres días fue retirada; sin embargo, fue reinstalada el 19 de mayo de 1929, un día antes de la inauguración de la Exposición Internacional, y ya se quedó definitivamente. La figura representa una mujer desnuda sentada, con una pierna con la rodilla doblada apoyada en el suelo y la otra también doblada y alzada hacia el pecho, mientras que en la rodilla de esta pierna apoya el brazo izquierdo, cuya mano se coloca en el hombro y sobre ella apoya la cabeza. La expresión facial es introspectiva, de meditación o duda, de ahí el apodo del «enigma». La anatomía de la figura es rotunda, sensual, en plena consonancia con el mediterraneísmo novecentista de moda en la época. Es la obra maestra de Clarà, y con el tiempo se ha convertido en uno de los símbolos representativos de Barcelona. En 1982 esta obra fue trasladada al vestíbulo de la Casa de la Ciudad de Barcelona, y sustituida por una copia elaborada por Ricard Sala.

Instalado en 1991, el monumento a Francesc Macià ha sido la última escultura colocada en la plaza hasta la fecha. Se encuentra encarado hacia las Ramblas, junto a La diosa de Clarà. En honor del presidente de la Generalidad Francesc Macià, Subirachs concibió la obra como una evocación de los diversos símbolos identitarios de Cataluña: el pedestal, realizado en travertino con una sucesión de bloques de piedra en rompejunta, representa la historia de Cataluña; la parte superior, ejecutada en hormigón, tiene forma de escalera invertida, de la cual los tres primeros peldaños, encajados en el pedestal, representan los tres años de gobierno de Macià al frente de la Generalidad, mientras que el resto, que finalizan de forma abrupta e inacabada, simbolizan el futuro del país, que se va construyendo día a día, peldaño a peldaño; asimismo, en el pedestal figuran diversas inscripciones realizadas en forma de graffiti, con nombres, fechas y lugares relacionados con el político catalán, mientras que en su parte superior se encuentra en grandes letras la inscripción Catalunya a Francesc Macià. En la parte posterior se encuentra el escudo de Cataluña, realizado en hierro, y se halla grabada una frase del presidente dirigida a los diputados catalanes en 1932. Frente al cuerpo del monumento se halla de forma separada un monolito con el busto del presidente Macià, realizado en bronce, una réplica del retrato que le hizo Josep Clarà en 1932. Subirachs quiso darle un aire realista, que contrasta con la casi abstracción del resto del monumento, para tener un nexo de unión con el estilo novecentista del resto de la plaza.

Esta vez no almorzamos en el Hard Rock Cafe, estábamos en Barcelona y queríamos comer pescados ricos y frescos asi que nos fuimos caminando por Las Ramblas hasta el número 126. Ahi encontramos el restaurante MOKA donde degustamos pinchos de rabas, bocaditos de bacalao frito, mejillones en salsa del mar mientras Benito degustó un salmón a la plancha con guarnición e esparragos y salsa tártara, siempre bajando la comida con una estrella damm bien fría ...un lujo!

Ya con la panza llena comenzamos el recorrido por el famoso barrio gótico catalán. Pero antes de adentrarnos en sus callejuelas aparece sobre las ramblas la Parròquia de la Mare de Déu de Betlem. La iglesia de Nuestra Señora de Belén (en catalán, Església de la Mare de Déu de Betlem) es un templo parroquial católico de estilo barroco situado en la conjunción de la Rambla y la calle del Carmen, en Barcelona (distrito de Ciutat Vella). Pertenece al arciprestazgo de la Rambla-Poble-sec.

La iglesia original formaba parte del Colegio de Nuestra Señora de Belén, el primero de enseñanza superior regentado por los jesuitas, fundado en 1544 por María Manrique de Lara. La iglesia fue construida en 1553, aunque en 1671 sufrió un incendio, por lo que se hizo necesario una nueva edificación. Proyectada por Josep Juli y dirigida por los jesuitas padre Tort (arquitecto) y Pau Diego de Lacarre (escultor), se construyó entre 1680 y 1729, aunque su decoración interior se alargó hasta 1855. A raíz de la expulsión de los jesuitas de España en 1767 la iglesia se convirtió en parroquia de la diócesis. En 1936 fue incendiada en el transcurso de la Guerra Civil Española, fecha en que se perdió la suntuosa decoración barroca del interior. El altar mayor estaba presidido por un gran retablo dorado, elaborado en 1866, y las capillas laterales tenían igualmente diversos retablos, así como pinturas murales de Antoni Viladomat y Joseph Flaugier.

El templo sigue el modelo de las iglesias jesuitas contrarreformistas, que tenían como referencia la iglesia del Gesù de Roma. La iglesia tiene una sola nave, dispuesta paralelamente a la Rambla, con ábside semicircular y capillas laterales. La nave está dividida en seis tramos, con un nártex bajo el coro, y está cubierta por una bóveda cilíndrica con lunetas. Las capillas laterales están intercomunicadas, y presentan cúpulas elípticas con linterna. La fachada principal, que da a la calle del Carmen pero es visible parcialmente desde la Rambla gracias a un ensanchamiento que hace en este punto, tiene un coronamiento ondulado, y la puerta aparece enmarcada por columnas salomónicas, con las esculturas de los santos jesuitas Ignacio de Loyola y Francisco de Borja, obra de Andreu Sala. Sobre la puerta hay una Natividad (representación del nacimiento de Jesús, como un pesebre), obra de Francesc Santacruz y alusiva a la dedicación de la iglesia.

En el extremo izquierdo de la fachada, en la esquina con la calle Xuclà, hay una hornacina con una imagen de san Francisco Javier, también jesuita, igualmente obra de Francesc Santacruz. La fachada lateral, que da a la Rambla, tiene un almohadillado romboidal que se extiende también a la parte baja de la fachada principal, con dos puertas. La más cercana a la principal está coronada por una imagen del Niño Jesús, de Francesc Santacruz, y la otra es una copia moderna de la anterior, construida en 1906 bajo la dirección de Enric Sagnier y decorada con una imagen de San Juan Bautista niño.

Situado en el distrito de Ciutat Vella, en el corazón la ciudad, el Barrio Gótico (Barri Gòtic) es el núcleo más antiguo y una de las zonas más hermosas de Barcelona. El agradable barrio está delimitado por Las Ramblas, Vía Laietana, el Paseo de Colón y la Plaza de Cataluña. Nacida sobre los restos de la Barcino romana, la Barcelona medieval propició la construcción de iglesias y palacios góticos que provocaron la desaparición de la mayor parte de los restos románicos. Las angostas y laberínticas calles medievales del Barrio Gótico de Barcelona componen el escenario ideal para disfrutar del centro de la ciudad sin prisas, deleitándose con los restos que se conservan del glorioso pasado de la ciudad. Si bien es cierto que hay muchos edificios góticos, como las Atarazanas (iniciadas el siglo XIII) y la sala de contrataciones de la Lonja de Mar (siglo XIV) en cuanto a edificios civiles de gran importancia, siempre ha existido entre los expertos una controversia por la autenticidad de numerosos edificios del Barrio Gótico. Ya Le Corbusier, en una visita a Barcelona a principios de la década de 1930, al pasar bajo el puente neogótico de la calle del Obispo dijo con indignación: «¿Cómo es posible que en mitad de vuestro admirable gótico haya podido surgir ese puente florido, nuevo y podrido?».

Esta controversia en torno a la autenticidad se hizo pública en 2011 debido a la publicación de una tesis doctoral titulada El barrio gótico de Barcelona: planificación del pasado e imagen de marca, de Agustín Cócola, en la que el autor venía a demostrar que algunos de los edificios del barrio no son originalmente góticos, sino restauraciones o incluso nuevos proyectos de estilo neogótico realizados los primeros a finales del siglo XIX, pero sobre todo durante el XX, que sin embargo se publicitan como góticos y a los que se les ha dado la condición de Monumento Histórico Nacional. Las causas principales serían el intento de atraer el turismo, y la identificación de la burguesía catalana con el arte gótico como época de esplendor del arte y la cultura catalana.

Para arrancar el paseo nos encontramos con la fuente de portaferrisa. Esta fuente es una de esas huellas que aún recuerdan el pasado amurallado de Barcelona. En la época medieval, como todas las ciudades fortificadas, Barcelona disponía de diversas puertas de entrada: la Porta Ferrissa (Puerta de Hierro) era una de las ocho situadas a lo largo de la segunda muralla edificada en la ciudad a finales del siglo XIII. Su nombre nace de las barras de hierro que decoraban el portal y que en aquella época se utilizaban como unidad de medida. Es precisamente esa denominación la que ha perdurado en el tiempo, tanto en la calle como en la fuente ubicada en el lugar de la antigua puerta. La ubicación original de Portaferrissa, una de las fuentes más antiguas de Barcelona, fue el Imperial y Real Seminario de Nobles de Cordellas, en la confluencia de las calles Carme y Xuclà, a pocos metros de La Rambla. En el 1680, el rector de la iglesia de Betlem solicitó al Consell de Cent el traslado de la fuente situada junto al colegio para llevar a cabo la construcción de una capilla. Una petición finalmente aceptada y que supuso su cambio de ubicación hasta el lugar que ocupa actualmente. Su importancia durante los siglos fue mayúscula en una época sin suministro de agua en las casas, lo que suponía desplazarse en ocasiones fuera de las murallas para poder abastecerse. De esta manera, la fuente de Portaferrissa se convirtió en un punto de recogida de agua muy popular entre los vecinos. La fuente presenta desde 1959 una decoración en cerámica confeccionada por Joan Baptista Guivernau, realizada con motivo de la fiesta de la Mare de Déu de la Mercè. En el mural se refleja una escena cotidiana de la Barcelona amurallada del siglo XVIII, con sus gentes paseando frente a una Porta Ferrissa repleta de actividad comercial y una imagen del santo Josep Oriol. En la parte central de la fuente, entre los surtidores, se aprecia un texto escrito por Pere Voltes con el relato histórico de la fuente.

Apenas entramos a caminar por el Carrer de la Portaferrisa vemos a nuestra derecha este estrecho pasaje llamado Carrer d'en Roca, muestra de los intrínsecos callejones del Barrio Gótico Catalán. Unos pasos mas allá doblamos en nuestro próximo punto por el Carrer de Petritxol. Según el historiador Duran Santpere, la primera vez que aparece en documentación el nombre de la calle Petritxol es en 1292; Entonces Petritxol no era en realidad una calle, sino un camino que iba desde la plaza del Pi hacia la Portaferrissa, pero sin llegar, ya que había una casa que cerraba la comunicación entre los dos caminos. Es por ello que, cuando se hizo el censo de 1365, no se incluyó la calle de Petritxol, porque no lo consideraban una calle. Fue cien años más tarde, en 1465, que se derriba la casa, propiedad de Da. Eufrayna Ferrera, que era la que cerraba el paso y la comunicación entre Petritxol y Portaferrissa. Antes de 1292, los documentos únicamente nos hablan de la “palma del Pino”, donde se viste una iglesia dedicada a la exaltación de los Reyes de Oriente, oficialmente conocida por Sta. Maria de los Reyes de Oriente y, mas corrientemente, como Sta. Maria del Pino. El arroyo que bajaba por la Rambla, que recogía la salida de otros arroyos, formaba rincones y recodos donde se detenía la “Pedritxes”, la tierra mana y los desechos que las fuertes corrientes arrebataban en su descenso desde Collserola y los Agudells . Podría ser que la “Pedritxes” (sarro que forman las aguas demasiado calizas de Barcelona) diera nombre al “Padritxol”. En el siglo XVII, la calle todavía se llama “Padritxol”.

Toda la calle esta salpicada de mayolicas que explican situaciones e historias de dicha calle, la mayólica es una cerámica con un acabado vítreo especial. La terracota es la base de los trabajos de cerámica y en este caso se le aplica un esmalte metálico compuesto de sílice, cenizas sódicas calcinadas, plomo y estaño. Se cree que la palabra mayólica deriva de Mallorca, la isla española situada en el Mediterráneo, que fue durante la Edad Media el centro de importación más importante de este tipo de cerámica hispano-morisca. La cerámica mayólica en España fue un hallazgo casual al intentar crear una porcelana similar a la elaborada en china con caolín.

En 1959 se convirtió en la primera calle de la ciudad en la que sólo los peatones podían acceder, transformándose en la primera calle íntegramente peatonal, adoquiada y sin aceras de Barcelona. Arte, librerías y chocolaterías es lo que hace de esta calle una de las más populares y hermosas del centro. Montserrat Caballé tenía su estudio de ensayo, hasta hace pocos años, aquí. Las famosas granjas de Petritxol ofrecen chocolate caliente con muchas delicias dulces. Se les dice granjas porque antaño eran lecherías que en la década del 50 se transformaron el chocolaterías exquisitas. Las mas famosas son la Granja Pallaresa y la Granja Dulcinea. El chocolate (o suizo) con churros, ensaimadas o pastas que tengan recién hechas: flan de vacío, crema catalana, requesón de Montserrat, cuajadas y arroz con leche son sus especialidades y por sus asientos pasaron desde Dalí a Guimerà. Tambien tenemos varias tiendas de souvenirs típicos de catalunya como la famosa tienda llamada artescudellers.

Al final de la carrer de Petritxol aparece de la nada la hermosa Plaza del Pi. Es un espacio plano comprendido entre dos rieras y el viejo camino romano (la actual calle de la Boquería) que salía de la ciudad por el lado de poniente, caracterizado por un pino singular. La Iglesia de Santa María del Pi ya existía a finales del siglo X y una leyenda dice que una imagen de la virgen del templo apareció en lo alto del pino que crecía a su lado. Fue rescatada por un marinero, corrían tiempos de asaltos sarracenos y en la imagen se vio una intercesión reveladora, prometedora y protectora. El pino que se puede ver hoy en la Plaza del Pi es el tercero de la serie desde que se plantara el primero. Los dias festivos ocupa la plaza un mercado popular de productos tradicionales y muchos pintores, los cuales les da a la plaza un encanto especial.

En la Plaza del Pi tambien podemos observar un edificio con unos magnificos esgrafiados recientemente restaurados que corresponden al gremio de los "Tenders Revenedors", que aunque nació en el s. XV, se instaló en este edificio en el s. XVIII. Estos esgrafiados barrocos hechos con arena de playa son de los más antiguos de Barcelona. El Gremio de "Tenders Revendedores" de Barcelona, actualmente conocida como Asociación de Socorros Mutuos fue creado a mediados del siglo XV, con la misión de atender problemas de carácter benéfico-social, como las velas de enfermos, el entierro de difuntos, el socorro de necesidades o la recogida de limosnas entre sus miembros, dedicados a lo que actualmente se conoce como comercio al por menor. Como todos los gremios medievales, era de gran importancia la vinculación con algún santo protector. El gremio de tenders escogió la advocación de San Miguel Arcángel y tienen su capilla en la iglesia de Santa María del Pi de Barcelona, justo enfrente de donde tienen su sede social. La institución ha tenido dos etapas bien diferenciadas: del gremio que va del 1447 al 1842 y la Asociación de Socorros Mutuos que sigue aún activa.

Dominando la Plaza del Pí está la Iglesia de Santa María del Pi. La Basílica de Santa María del Pino (en catalán, Basílica de Santa Maria del Pi) es una parroquia católica de la ciudad de Barcelona de estilo gótico catalán, declarada Bien de Interés Cultural en 1931. Según Víctor Balaguer en Las calles de Barcelona (1866), a fines de siglo X ya existía en este sitio una iglesia, que debió ser derribada para erigir la actual. La construcción se prolongó durante muchos años y fue inaugurada el 17 de junio de 1453. La iglesia del Pino está documentada desde el 987. Su cementerio data del año 1074 y desde el año 1188 ya consta como parroquia eclesiástica. No se han localizado restos del edificio de aquel tiempo, que debía ser de estilo románico, lo que ha hecho suponer que se encontraba en el mismo lugar que la iglesia gótica actual, el subsuelo de la que no ha sido excavado. En este caso, la iglesia románica debió ser más pequeña que la gótica (como ocurre también con la catedral), ya que se conservan registros de donaciones y adquisiciones de terrenos para la construcción del edificio actual. La construcción del actual templo gótico se debe a principios del siglo XIV. Consta el 1321 la existencia de la capilla de San Clemente y de San Lorenzo y el 1332 se trabajaba en el cuarto tramo de la nave, que fue cubierta en la segunda mitad del siglo XIV. Pedro el Ceremonioso hizo donaciones al año 1379 para comenzar el campanario, que acabó en las obras que dirigió el maestro mayor Bartomeu Mas, entre 1460 hasta su muerte en 1497. El terremoto de Cataluña de 1428 causó serios daños a la iglesia e hizo caer el rosetón, lo que provocó varios muertos. Fue afectado por los bombardeos del 1714 durante la guerra de sucesión española y por la explosión de un polvorín cercano.

A partir de 1717 empiezan unas reparaciones de la mano del maestro de obras Joan Fiter, pero no se realizó un primer proyecto de restauración hasta el 1863-1884 a cargo de Francisco de Paula del Villar y Lozano. Se restauró los tejados de las capillas, la portada y la fachada posterior. También se eliminó la decoración barroca del templo. Hacia 1915 se volvió a restaurar. En 1926 esta iglesia fue la cuarta de Barcelona que alcanzó el rango de basílica menor, título que le fue concedido por el papa Pío XI. Fue quemada en 1936 durante la guerra civil española, y se emprendieron diversas obras para reparar los desperfectos a partir de los años 1950 a cargo de Josep Maria Jujol. La iglesia consta de una sola nave de grandes dimensiones (54m x 16m x 27m de altura) cubierta con bóvedas de crucería, a la cual se abren las capillas laterales de planta cuadrada construidas entre los contrafuertes. De la fachada principal, enmarcada por dos torres ciegas, destaca la entrada de arcos ojivales y el tímpano con la imagen gótica de la Virgen y el Niño, así como el gran rosetón de 10m de diámetro (uno de los más grandes del mundo compitiendo con el de Notre Dame de París) restaurado hacia 1940 por Josep M Jujol después de que la iglesia fuera quemada en 1936. El campanario, que no está unido a la iglesia, se empezó a construir a mediados del s.XIV siendo una obra de calidad estructural y artística. Está separado en tres cuerpos por cuestiones estructurales, para hacer del campanario una estructura robusta y repartir el peso adecuadamente. Si nos fijamos, el problema del peso también viene resuelto porque a medida que subimos un tramo éste cada vez es más pequeño, hecho que no se hace evidente desde el exterior. Lo construyeron 3 arquitectos el último de los cuales fue Bartomeu Mas.

Por el lateral de la Iglesia de Santa Marta del Pi se sale a la plaza Josep Oriol. La Plaza de Sant Josep Oriol recibe su nombre del presbítero Josep Oriol, nacido en 1650 en Barcelona y benefactor de la parroquia de Santa Marta del Pi. En este lugar donde ahora se encuentra la plaza era uno de los cementerios de la iglesia que, pese a los esfuerzos del clero, fue pavimentado para evitar problemas de salubridad. En la plaza mirando a la iglesia aparece la estatua de Àngel Guimerà. La estatua en homenaje al escritor, poeta y dramaturgo canario y catalán fue labrada en yeso el año 1909 por Josep Cardona i Furró y en el año 1983 fue fundida en bronce por Josep M. Codina.

En la plaza Josep Oriol tambien encontramos lugares emblemáticos de la Ciutat Vella. Casi haciendo esquina con la Plaça del Pi, presidiendo un lateral de la Plaça Santa Josep Oriol: se trata del Bar del Pi. Este pintoresco bar es un compendio de historia y arte, por él han pasado los espíritus más inquietantes de los últimos siglos. El lugar, en cuestión, data de finales del s. XVIII, cuando aparecía como una casa de Postas, desde la que, como ellos bien te cuentan, partían las diligencias de cercanías. 200 años de historia avalan una propiedad que en 1927 pasaba a manos de la Familia Martí Pujol (vigente en la actualidad) y, posteriormente acogería la creación de la sede del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSCU), en 1936. Tambien tenemos el Hotel Central Restaurant del Jardí. n el Archivo Histórico de la Ciudad hay documentos en los que consta que en la plaza Sant Josep Oriol había una fonda para transportistas, fechada en el año 1640. El documento también manifiesta que había un huerto en la esquina entre la Plaza del Pi y la Plaza de Sant Josep Oriol. Pero, al parecer, los propietarios decidieron levantar un edificio de cinco niveles. Los materiales utilizados para la estructura fueron barro, paja y madera. La fonda adyacente era una estructura típica con arcos de piedra que sustentaban el edificio de cuatro niveles. Los viajeros descansaban en las habitaciones de los niveles superiores, sobre los arcos de piedra. Debajo estaban los animales que contribuían a dar calor a la primera planta. Con el transcurso de los años los dos edificios se consolidaron. Observando la fachada principal y la entrada del hostal situado en la Plaza de Sant Josep Oriol se puede distinguir la diferencia de niveles entre los dos edificios por las hileras de los balcones. Poco después los dos edificios parecen haber pasado a ser de un solo propietario, quizás el dueño de la fonda, ya que se construyó una escalera para unir ambas construcciones; "el Jardí" había nacido.

La moda y el diseño abunda en la zona de la plaza Josep Oriol, por ejemplo,en el Carrer del Pi número 4, nos encontramos con una de las tiendas con más historia de la ciudad de Barcelona. Joana M. Prat es la cuarta generación al frente del negocio, una familia siempre dedicada a la moda. Actualmente cuentan con artículos de moda para hombre y mujer dando una atención personalizada al cliente, y también complementos, siendo los pañuelos pintados a mano y los abanicos artesanales los más solicitados. Y ahora avanzamos por el carrer de la Palla. Esta calle corresponde al camino que recorría la ronda exterior a las murallas romanas y condales. El primer nombre de esta calle de la que se tiene constancia es Cuyrater (por los talleres de curtir pieles que había establecidos). El nombre actual data del año 1355 , cuando se estableció en la ciudad un impuesto sobre la paja (palla en catalan), que se calculaba en función del peso. Esta actividad tasadora se realizó aquí hasta el año 1.626 , cuando se desplazó a la plaza Nueva. En esta calle estaba la prisión para sacerdotes, dependiente del obispado , que dio lugar a muchos rumores sobre terribles torturas a los presos. Tal era la fama que tenía que, durante la Semana Trágica de 1909 , los sublevados saquearon conventos, iglesias y tumbas de frailes, en busca de pruebas que incriminaran el clero. Durante muchos años, la calle fue el más importante de la ciudad en cuanto a anticuarios y almonedas . Actualmente, ya no es lo que había sido, pero aún se pueden encontrar muchos establecimientos del ramo con artículos muy interesantes y una buena oferta comercial y gastronómica. En carrer de la palla 8 está la tienda Caelum uno de los mejores oasis de repostería artesanal que existe seguramente en la ciudad. Ofrece una elaborada tienda con los mejores dulces a la venta hechos por monjas y monjes de la península, difíciles de encontrar en otro sitio.

El derribo de un edificio de la carrer de la Palla dejó al descubierto un tramo de la muralla romana con dos torres de defensa cuadrangulares y algunas ventanas de época medieval. El solar se protegió con una verja y se reconvirtió en la placeta de Frederic Marés, accesible desde el nº 16 de la carrer de la Palla, desde la que se pueden contemplar los restos. La muralla romana se construyó con piedra de Montjuic en época de Augusto, cuando se fundó la colonia Iulia Augusta Paterna Faventia Barcino, a finales del s. I AC. De trazado rectangular, tenía un perímetro de 1.270m, 2m de espesor y unos 9m de altura. En el s. IV fue reforzada adosándole un muro exterior y edificando diversas torres de vigilancia. Las puertas de entrada a la ciudad tenían una amplia abertura central para el tráfico rodado y dos laterales más pequeñas para peatones. De las cuatro que había (Praetoria, Decumana, Principalis Sinistra y Principalis Dextra) y que unían las dos calles principales (Decumanus, en dirección mar-montaña y Cardus, coincidente con la Vía Augusta a su paso por Barcino), sólo quedan la Praetoria en Pl. Nova-c/ del Bisbe y una parte de la Decumana en la c/ Regomir. Existen restos visibles de la muralla en la Pl. Nova, la Av. de la Catedral, c/ Tapineria, Pl. Ramon Berenguer el Gran, Pl. del Àngel, c/ Sotstinent Navarro, Pl. dels Traginers, y las calles Correu Vell (patio del nº 5), Regomir (junto a la capilla de Sant Cristòfor), Gignàs, Avinyó (nº 19), Banys Nous (nº 16) y la Palla (placeta Frederic Marés). La muralla romana mantuvo su función hasta que, en el s.XIII y debido al crecimiento de la población, el rey Jaume I permitió que se le adosaran edificios y ordenó la construcción de una nueva muralla que ampliara el recinto de la ciudad.

Y ahora llegamos al centro neurálgico del barrio gótico barcelones..la plaza nova. A principios del siglo XX, en los alrededores de la Catedral había un barrio con una gran vitalidad social y una importante actividad comercial. Había surgido en el siglo XI al abrigo de la puerta noreste de la muralla de la ciudad romana. Aquel incipiente núcleo de población extramuros, llamado inicialmente Vilanova dels Arcs, se convirtió con los años en el barrio de la Catedral. Su centro neurálgico era la plaza Nova. Durante la primera mitad del siglo XX, entre los años 1908 y 1958, el barrio fue modificado hasta que desapareció.

En la plaza nova podemos apreciar uno de los grandes lugares de la historia barcelonesa...parte del acueducto y muralla romana de la antigua ciudad de Barcino. La primera muralla de Barcino, se comenzó a construir, como ya contamos, en el siglo I a. C. Tenía pocas torres, sólo en los ángulos y en las puertas del perímetro amurallado. Las primeras incursiones de francos y alamanes a partir de los años 250 suscitaron la necesidad de reforzar las murallas. Bajo el mandato en el imperio, ya decadente, de Claudio II, Barcino inicia la construcción de mejores fortificaciones entre los años 270 y 300.

La nueva muralla o segunda muralla, que son los restos que podemos observar en la actualidad, se construyó sobre las bases de la primera, y estaba formada por un muro doble de dos metros, hasta 8 metros en algunos tramos, con espacio en medio relleno de piedra y mortero donde también se utilizó de relleno esculturas, inscripciones y otros elementos arquitectónicos, que en la actualidad nos sirven para documentar los primeros siglos de la ciudad. La muralla constaba de 81 torres de unos 18 metros de altura, la mayoría de base rectangular, diez con base semicircular, situadas en las portaladas. Estas puertas contaban con tres aperturas, una central, más ancha, para el tráfico rodado, y dos laterales, más pequeñas, para los peatones. Las torres estaban formadas por dos plantas y en el piso superior había ventanas de mediopunto con el fin de proteger la villa del exterior. Sus torres motivaron que se conociera con el nombre de la ciudad coronada. Las obras de mejora fueron de las más importantes hechas durante el Bajo Imperio en la Tarraconense, y constituyen una de las causas por las que Barcino tomó relevancia al empezar a compararse con Tarraco.

Se conservan en bastante buen estado los sectores norte y este. En la plaza Nueva se conservan dos torres cilíndricas, que fueron aumentadas en el siglo XII, y que flanqueaban la Puerta Praetoria de la muralla romana, conocida por portal del Obispo en la Edad Media. La muralla romana de Barcelona tiene casi 2000 años de historia. Se trata del monumento más grande de Barcelona más de 2/3 partes de la muralla permanecen aún ocultas tras el paso de los años. Con el paso del tiempo, la ciudad medieval creció y pronto tuvo que salir fuera de las murallas perdiendo su funcionalidad, y poco a poco fue incorporada a los nuevos edificios que se construian en la ciudad. Siendo devorada por los mismos.

Ahi mismo saliendo de la muralla romana aparecen los restos del acueducto romano de barcino. Dos acueductos conducían las aguas hacia Barcino. Uno de ellos traía el agua que caía desde Collserola, al noroeste, y otro desde el norte, tomando agua del río Besós. Ambos acueductos se unían enfrente de la puerta decumana de la ciudad (orientada hacia el noroeste, y actual plaza Nova). Junto a la torre que defendía el lado nordeste de la puerta se conserva el último arco de dicha conducción hidraúlica.

Ahi, en la plaza Nova, comparte el espacio con la muralla romana, la preciosa Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia. La Catedral de Barcelona, también conocida como la Seu o la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, es un famoso ejemplo de la arquitectura gótica catalana que data del siglo XIV. A pesar de mantenerse a la sombra de la conocidísima Sagrada Familia, la catedral es un impresionante templo gótico. La Catedral de Santa Eulalia de Barcelona está dedicada a la Santa Cruz (la cruz en la que se cree que fue ejecutado Jesús) y a Santa Eulalia, mártir cristiana patrona de la ciudad de Barcelona, hoy conocida como la Virgen de la Merced que sufrió la persecución y el martirio por parte de los romanos.

La Catedral de Santa Eulalia fue edificada sobre la antigua catedral de estilo romántico, arte predominante en Europa durante los siglos XI, XII y parte del siglo XIII y hoy ostenta el estilo gótico que se desarrolló desde finales del siglo XII hasta el siglo XV aunque su fachada es mucho mas moderna. Su edificio fue declarado bien de interés cultural, figura jurídica de protección del patrimonio histórico español, como asimismo Monumento Histórico-Artístico Nacional. El edificio de la Catedral de Santa Eulalia está formado por el templo y el claustro, ambos unidos por un mismo estilo, sobre una superficie de 90 metros de longitud por 40 metros de ancho a lo que se suma su jardín 25 metros por lado por 6 de anchura de cada galería de las cuatro que lo rodean. Sus 3 naves conservan la misma altura pero la central es doblemente más ancha que las laterales y posee 9 capillas sobre las cuales se ubican vitrales góticos que dan gran luminosidad al ábside. Otras 17 capillas están ubicadas en las naves laterales están cubiertas por ojivas de seis tramos, con arcos apuntados en cada entrada y 2 dos capillas colocadas entre cada contrafuerte con proyección interior. A estas capillas se agrega también la de Santa Lucía con entrada desde el exterior.

La puerta principal está situada en el centro de la fachada de la plaza de la Catedral y fue proyectada por el arquitecto Josep Oriol i Mestres quien la ideó de estilo neogótico con un gran arco con arquivoltas, presidida en su mainel por una escultura de Cristo e imágenes de los apóstoles en ambos lados de la puerta. En el pórtico de esta puerta se pueden observar figuras de ángeles, profetas y reyes y medallones grabados en la parte posterior.

Separando la muralla romana y la catedral barcelonesa está la calle Carrer de Santa Lucía. La muralla romana adosada a la Plaza Nova de Barcelona guarda un secreto, justo al otro lado de la antigua pared romana, se encuentra la entrada de la Casa de l´Ardiaca (Casa del Arcediano) donde se pueden apreciar los restos arqueológicos. La muralla es visible desde el interior del edificio en la primera planta.

El edificio fue residencia de la jerarquía eclesiástica de los arcedianos desde el siglo XII, época en la que la catedral toma su actual forma gótica, A lo largo de su historia la Casa ha sufrido innumerables modificaciones, la mas importante fue realizada por orden del Archidiácono Lluís Desplà i d´Oms en el siglo XVI que convirtió la Casa en un Palacete de estructura gótica, durante la reforma se realizo el patio central, de esta época son también las decoraciones renacentistas de la portada que se adaptaron a la estructura gótica flamígera del edificio original, la galería y la fuente central.

Cuenta con una escalera que va a parar a la terraza superior, una balconada de gran belleza. En el interior de la casa, nos encontramos que la pared donde se apoya la casa es parte de la primitiva muralla romana de Barcelona, esta se encuentra adosada al trozo de la copia del acueducto que nace en la puerta de entrada a la ciudad que está situada a pocos metros de distancia y que imita la continuidad de este a su paso por la casa. En el patio hay una gran palmera datilera que data del año 1873 y que está declarada árbol de interés local, junto a él la fuente donde durante el Corpus se decora con un l´ou com balla, que consiste en poner un huevo sobre el chorro del agua, el cual se sostiene gracias a la fuerza de la presión que el líquido ejerce sobre el huevo cosa que hace que este se tambalee y mueva imitando un baile.

Desde el patio exterior de la casa del arcediano se puede ver la capilla de santa lucia de la catedral de barcelona. La capilla de Santa Lucía es de estilo románico tardío. Fue construida entre los años 1257 y 1268 como capilla del palacio episcopal (edificio anexo) La planta de la capilla es rectangular con una única nave construida con bóveda de cañón apuntada. La capilla tiene dos puertas, una en su parte posterior que permite acceder al claustro, y otra que permite salir al exterior. La fachada de la capilla se caracteriza por tener una puerta con arco semicircular y arquivoltas y dos columnas a cada lado con capiteles esculpidos con figuras geométricas y figuras de animales. En el interior de la capilla de Santa Lucía hay dos sepulcros que corresponden al obispo Arnau de Gurb del siglo XIII y al canónigo Francisco de santa Coloma del siglo XIV. Originariamente, la capilla estaba dedicada a las Santas Vírgenes, pero desde el año 1296 la capilla pasó a estar dedicada sólo a Santa Lucía, protectora de la vista.

Como la mayoría de las catedrales góticas, también la de Barcelona tiene gárgolas, por donde se vierte el agua de la lluvia de los tejados. Representan animales fantásticos, como leones, unicornios y una de las más famosas es la que representa un elefante. Las más antiguas son las de la parte del ábside al lado de la puerta de San Ivo de principios del siglo XIV. Las gárgolas del claustro son del siglo XV, y las de las cuatro esquinas representan los símbolos de los Evangelistas. Según la tradición popular son brujas que, cuando pasaba la procesión del Corpus Christi, escupían, siendo castigadas a quedarse petrificadas como figuras monstruosas, con la misión de escupir el agua de los tejados de la catedral.

Ahora tomando por el Carrer del Bisbe llegamos a la plaza Garriga i Bachs. La calle del Bisbe, que significa obispo en castellano fue la arteria principal de la ciudad en la época romana. Actualmente se trata de una estrecha vía peatonal, que une la plaza de Sant Jaume, donde se encuentran el edificio del Ayuntamiento y el Palau de la Generalitat de Barcelona con la plaza Nova. Ahi vemos uno de los lugares mas fotografiados del barrio gótico...el puente del bisbe. Aunque con apariencia de tener muchos más años, el pont del bisbe fue construido en el año 1928 por Joan Rubió i Bellver durante la rehabilitación del centro histórico de la ciudad Barcelona y une los edificios históricos del Palau de la Generalitat* (Palacio de la Generalitat) y de la Casa dels Canonges (Casa de los Canónigos). Su principal función fue la de servir como paso elevado al Palau de la Generalitat a los presidentes de la Generalitat que residieron en la Casa dels Canonges.

Delante del claustro de la Catedral de Barcelona sorprende un monumento de estilo realista que contrasta con el estilo gótico predominante en los edificios que lo rodean. Hallamos representados cinco mártires que fueron ejecutados después del intento de insurrección contra las tropas francesas durante la ocupación de Barcelona, en el año 1808. La dictadura de Primo de Rivera culminaba con la inauguración de un monumento que Barcelona había prometido dedicar a los héroes de la insurrección de 1809. Corría el año 1929 y Josep Llimona se convertía en el escultor de las cinco piezas de bronce que se alzan sobre el pedestal. Las esculturas, marcadas por un realismo carente de dramatismo, muestran los personajes condenados al garrote poco antes de su ejecución en la Ciutadella. Se les acusó de intento de liberación de Barcelona contra las tropas de ocupación francesas que durante la Guerra del Francés habían convertido la ciudad en plaza fuerte. En la placa del pedestal se pueden leer los nombres de los insurrectos. El conjunto queda complementado con un relieve de alabastro que se añadió en 1941, fecha en que el monumento quedaba reinaugurado tras la Guerra Civil. Representa unos ángeles y es obra de Vicenç Navarro. El monumento colectivo queda cerrado a lado y lado por unos bancos de cerámica. El embaldosado, basado en un grabado de Bonaventura Planella, muestra escenas de la entrada a la ciudad de las tropas napoleónicas. Un monumento que, al estar situado justo delante del claustro donde se encuentran enterrados los cinco mártires, contrasta por su estilo y temática con el gótico predominante en la zona.

Y ahora en nuestra recorrida tomamos la Carrer de Sant Sever hasta Carrer de Sant Felipe Neri llegamos a la plaza homónima. Romántica y con un toque decadente, la plaza Sant Felip Neri es un rincón imprescindible en el paseo por el Barrio Gótico. Presidida por la iglesia barroca que la bautiza, la plaza dispone de algunos elementos históricos que la hacen especialmente atractiva, sobre todo cuando se percibe el silencio. Pequeñas y laberínticas callejuelas del Barrio Gótico desembocan en este rincón impensable de la ciudad. Una plaza pequeña presidida por una encantadora fuente y dominada por la iglesia barroca de Sant Felip Neri. A un lado, los edificios de los antiguos gremios de los calderos y de los zapateros, encontraron aquí una nueva ubicación después del traslado desde su emplazamiento original, en las calles de la Bòria y Corribia, respectivamente.

Al lado de lado de la iglesia hay la escuela de Sant Felip Neri. Cuando los niños de la escuelan no juegan en la plaza y se escucha el silencio, quizás percibiremos aún el sonido de las bombas que cayeron desde el cielo aquel fatídico enero de 1938. Vemos las heridas cicatrizadas en la fachada principal de la iglesia; aún parece que hacen daño. Una placa nos recuerda que el bombardeo de los aviones fascistas acabó con la vida de 42 personas, muchas de las cuales eran niños, que se habían resguardado en el refugio antiaéreo de debajo de la iglesia. Ahora, sin embargo, los niños juegan a la sombra de las acacias, ajenos a este pasado en una plaza que ejerce de puerta de la Judería de Barcelona. Volviendo por el carrer de montjuic de bisbe llegamos nuevamente a la plaza de garrincha y bachs donde nos encontramos con el lateral de la catedral barcelonesa.

Nos cruzamos hacia el norte de la catedral para recorrer desde el otro lado de la misma saliendo desde la baixada de la canonja por la carrer dels Comtes. Vemos su imponente estructura a lo largo de la calle hasta llegar al cruce con el carrer de la Pietat. La Catedral tiene además dos torres laterales, idénticas, datan del siglo XIII. Ambas son ochavadas y de 53 metros de altura. Una de las torres es la llamada de las horas o reloj, situada sobre la entrada de San Ivo. Aquí se encuentra las campanas: Eulalia (la más grande con 3 toneladas de peso) que toca las horas, y Honorata que toca los cuartos. La estructura superior, de hierro, fue construida a finales del siglo XIX en estilo modernista. La otra torre es la encargada de las horas eclesiásticas. En ésta hay diez campanas, todas con nombres femeninos.

Siguiendo nuestra recorrida por carrer dels Comtes llegamos a la entrada del Patio del Palacio del Lloctinent. El Palau del Lloctinent (Palacio del Lugarteniente) fue construido como anexo al Palau Reial Major (Palacio Real Mayor), residencia de los condes de Barcelona y posteriormente de los reyes de la Corona de Aragón, y del que formaban parte el Salón del Tinell y la capilla de Santa Ágata (s. XIV). El palacio cayó en desuso al unirse la corona de Aragón y Catalunya con la de Castilla, siendo destinado a otras funciones como la Audiencia Real y el archivo. Fue construido entre 1549 y 1558 por orden del emperador Carlos V como residencia de su representante en Catalunya, por lo que también es conocido como Palau del Virrei aunque nunca llegara a ser utilizado para ese fin. Con cimientos anclados sobre restos romanos (visitables entrando por el Museu d’Història de Barcelona), se alzó sobre las dependencias que ocupaban las escribanías del Palau Reial y sobre los terrenos resultantes de la expropiación de algunas casas particulares, según proyecto del maestro Antoni Carbonell. El edificio también fue sede de la Inquisición. Posteriormente fue remodelado para albergar, entre 1836 y 1993, el Archivo de la Corona de Aragón (ubicado actualmente en la calle Almogàvers). Fue nuevamente restaurado entre 1931 y 1936 bajo la dirección de Jeroni Martorell. Desde 1993 permaneció vacío hasta que en 2002-2006 fue rehabilitado por Lluís Domènech y Roser Amadó para destinarlo a actividades docentes, de investigación y de exposición, relacionadas con el Archivo.

De planta cuadrangular, cinco pisos de altura y dos sótanos, el palacio se organiza en torno a un patio central al que se accede desde la plaça del Rei y desde la calle dels Comtes. El interior es claramente renacentista, con arcos rebajados en la planta baja, galería con arcos de medio punto sobre columnas toscanas y gran escalinata de piedra, cubierta en uno de sus ángulos por un magnífico artesonado de madera de pino. Las fachadas exteriores, muy sobrias y en las que destacan las torres cilíndricas de sus esquinas, se acercan más al gótico catalán y sólo disponen de una sencilla ornamentación en los dinteles de puertas y ventanas. Sobre la esquina que conforma la Plaça del Rei se apoya parcialmente una torre de cinco pisos comunicada con el palacio, el Mirador del Rei Martí, finalizado en 1555. La obra se completaba con un pasadizo, ya desaparecido, que por una parte conducía a la tribuna real de la Catedral a través de un puente sobre la calle dels Comtes y, por otra, a la Capilla Real de Santa Àgata, en la plaça del Rei.

En 2006 se ubicó en el patio un pozo de piedra con el escudo de Sant Jordi, conocido com el pou de l’infern (pozo del infierno) ya que de él salía agua caliente, que había sido descubierto en los sótanos durante las obras de rehabilitación.

Cruzando el Patio del Palacio del Lloctinent nos encotramos con el conjunto monumental de la Plaça del Rei de Barcelona que es, probablemente, el rincón gótico que mejor ejemplifica el pasado medieval de la ciudad. El Palau Reial Major y las dependencias que lo rodearon cierran una plaza armónica y tranquila donde parece que todavía ser respira el pasado glorioso de Barcelona en la Edad Media.

La plaça del Rei de Barcelona está dominada por el Palau Reial Major, el edificio que vemos levantarse al fondo, con la torre-mirador del rey Martí a un lado. Residencia de los condes catalanes desde el siglo XIII hasta principios del siglo XV, la historia del edificio se remonta al siglo XI, aunque el aspecto actual pertenece a las remodelaciones hechas durante el siglo XIII. El gótico es, por tanto, el estilo predominante, aunque en la base del edificio se encuentran restos visigodos y romanos. En su interior, el Saló del Tinell, organizado en una sucesión de arcos de medio punto, constituye la sala más emblemática y bella del Palau Reial Major.

La parte más elevada integra el llamado mirador del Rey Martín, en recuerdo a Martín el Humano. Esta especie de rascacielos antiguo es en realidad obra del siglo XVI, impulsada por Carlos I, pero lleva el nombre de un rey anterior que edificó el mirador precedente en el lugar que está el actual. El edificio que hay delante es el Palau del Lloctintent (Palacio del Lugarteniente y que actualmente es la sede del Arxiu de la Corona d'Aragó y del que ya hablamos mas arriba.

Enfrentado al Palau del Lloctintent aparece la a Capilla de Santa Ágata. Fue construida en el año 1302 y en su interior podemos observar el excepcional Retablo del Condestable de Jaume Huguet, uno de los hitos de la pintura catalana, del siglo XV. La Capilla de Santa Ágata, también conocida como Capilla Real, se encuentra dentro de la antigua muralla romana y fue construida por orden de Jaime II y su esposa Blanca D'Anjou, con el fin de formar parte del Palau Reial Major y sustituir al antiguo oratorio del palacio. El maestro de obras Bertran Riquer fue el encargado de empezar su construcción, seguido en el año 1316 por Jaume del Rei y más tarde por Pere d'Olivera. Consta de una sola nave de planta rectangular con un ábside poligonal, un pequeño crucero con la capilla de las Reinas. El campanario es de planta octogonal. De una pequeña sala a la derecha del altar parte una escalera que lleva a la torre del siglo XVI de Martín el Humano.

Cerrando la plaza del Rei vemos la antigua Casa Clariana-Padellàs. Se trata de un palacio gótico que se construyó entre los años 1497 y 1515 y está caracterizado por las constantes de los palacios urbanos de los siglos XIV- XV. El edificio consta de tres plantas ordenadas entorno a un patio con escalera abierta que lleva al piso noble con una galería superior de arcos ojivales sobre finas columnas cuadrilobuladas característico de los palacios góticos barceloneses. Aunque el conjunto es de estilo gótico la decoración tiene tintes renacentista tales como medallones, cabezas, escudos y hojas decorativas. Durante su historia fue habitado por varias familias como muestran los blasones conservados en los escudos de puertas, ventanas y pavimentos con las armas de los Abella, Sabastida, Tanafa y Potau. En el siglo XVIII la casa cambia de nombre y pasa de llamarse Sabastida a la denominación actual Casa Padellás al formar parte de la propiedad de esta familia. El Palacio construido originalmente en el numero 25 de la calle Mercaders de Barcelona, muy probablemente por Juan Hostalric y Sabastida. Fue desmontado y trasladado piedra a piedra en 1931 a su emplazamiento actual la Plaza del Rey en el barrio gótico. Durante las obras de traslado a la plaza se descubrieron las ruinas de la antigua Barcino romana por lo cual es la sede del Museo de Historia de Barcelona, que alberga un impresionante recorrido arqueológico de 4.000 m2 en el subsuelo de la plaza del Rey. Destaca una maqueta de la desaparecida Ciutadella.

Tomamos por la calle de la Libretería. Antiguamente en la edad romana Barcelona (Barcino), se dividia básicamente en dos calles: El Cardus (Actualmente la calle Del Bisbe) y el Decumanus (Hoy ocupado por la calle de la Llibreteria y El Call). Este origen queda difuminado por las grandes transformaciones que ha sufrido la ciudad, sobre todo durante la Edad Media. La calle de La Llibreteria tiene entrada por la Plaza Sant Jaume, donde está el Ayuntamiento y el Palacio de la Generalitat de Catalunya, y salida por la calle bajada de la Prisión, llamada hoy bajada de la Llibreteria. Es la calle donde a lo largo de la historia han convivido más gremios y gente de distintas profesiones. Fue calle de la calcetería, especieros, apotecarios pero sobre todo de libreteros. Esta calle es una estrecha via de gran tipismo y casi siempre abarrotada de público. La calle está colmada de tiendas, en especial de alimentación, a pesar de ser una calle muy turística, cuenta todavía con varios comercios originales.

Y llegamos a la plaza de San Jaume. El aspecto actual de la plaza Sant Jaume data del año 1823, época en que se reurbanizó y se bautizó como plaza de la Constitución. Se abría el nuevo eje comercial de la Calle Ferran y con él se ensanchaba un espacio otrora pequeño y atiborrado de edificios. Efectivamente, la plaza antes era un pequeño rincón abierto casi al azar donde estaba la iglesia de Sant Jaume con su cementerio. Una vez fueron demolidas las casas y trasladada la iglesia a la calle Ferran, nacía el nuevo corazón político de Barcelona. Centro histórico y administrativo de la ciudad desde la antigüedad, la Plaza de San Jaime (Plaça de Sant Jaume) acoge los dos edificios más importantes de la administración catalana: el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalidad de Cataluña. La ubicación de ambos edificios no es casual, ya que la plaza Sant Jaume se encuentra en la confluencia de las antiguas calles principales de la Barcino romana, el Cardus (actuales calles de la Llibreteria y del Call) y el Decumanus (ahora calles Ciutat y Bisbe). Era el Forum romano, centro de la ciudad romana en el que se alzaba el Templo de Augusto, cuyos restos se pueden admirar en la cercana calle Paradís.

El edificio del Ayuntamiento, la Casa Gran de la ciudad, tiene su origen en el año 1369, cuando se empezó a construir el Saló de Cent con el fin de dotar a los consejeros de un edificio público. Conserva una fachada gótica en la calle de la Ciutat, mientras que la fachada principal es neoclásica, del año 1847. El Palau de la Generalitat es un edificio eminentemente gótico y mantiene su aspecto original en buena parte de la construcción. Son góticas las dos fachadas laterales, pero no la principal, que es posterior, y sigue la estética renacentista del Palazzo Farnese de Roma. También la Cambra Daurada y el Pati dels Tarongers son renacentistas, mientras que las cuatro columnas de la entrada son del siglo II y provienen de un templo romano de Tarragona. En el siglo XIX se añadieron la Escala d’Honor y la estatua de Sant Jordi de la fachada.

Haciendo unos pasos por carrer de Hercules aparece la Iglesia de los Santos Justo y Pastor. Sant Just i Pastor es una de las iglesias más antiguas y, posiblemente, la mejor conservada; fue el primer templo consagrado al “verdadero” Dios. Aunque la tradición la hace remontar al siglo IV, está documentada desde el 801 cuando el rey franco Luis el Piadoso impulsó la reconstrucción, y la advocación actual está testimoniada desde el siglo X. La iglesia de los Santos Justo y Pastor fue cedida por los limosneros de Mir, el 985, en la catedral con todos los bienes, diezmos, primicias y derechos parroquiales. En su demarcación parroquial se situaban el Palacio Real Mayor de Barcelona y muchas residencias nobles de la ciudad, que colaboraron en la construcción de la iglesia. La iglesia se levanta muy cerca del anfiteatro donde eran martirizados los cristianos. Las creencias populares indican que bajo el recinto actual existía un laberinto subterráneo donde se reunían los primeros fieles. Los cristianos acudían allí, bajo el suelo, que recogía la sangre y las cabezas de los mártires, con el fin de rezar por las almas de los muertos. Es una iglesia gótica formada por una nave central de cinco tramos cubierta por bóvedas de crucería con claves de bóveda policromadas, ábside poligonal y seis capillas rectangulares entre los contrafuertes a cada lado. Recorren la parte alta ventanas caladas con vidrieras de colores del siglo XVI. Las fachadas son austeras y bastante simples; en la fachada principal se habían previsto dos torres, pero sólo se llegó a construir una, situada a la derecha de la fachada y con forma semioctogonal.

Ahi mismo en la plaza de San Justo aparece la fuente de San Justo que fue la primera fuente pública importante de la ciudad y es la más antigua de Barcelona. Cuenta la leyenda que la creo Joan Fiveller, el cual en 1367o en 1427, se encontraba cazando por los bosques de Collcerola encontró una manantial de agua que canalizó hasta ese lugar, que estaba cercano a su palacio. La fuente del siglo XIV continúa funcionando hoy día. Fue la primera fuente pública importante de la ciudad y es la más antigua de Barcelona. La antigua fuente era de construcción gótica, la cual se transformó en 1831 durante la época neoclásica. En lo alto de un lateral de la fuente se aprecia un halcón atrapando una perdiz, en honor a las cacerías de su creador. La fuente tiene tres grifos incrustados en las figuras de unas máscaras de piedra, esta procedente de la antigua cantera de Monjuïc. La pila es también de piedra de la misma procedencia. En el Frontis hay una imagen de San Justo sosteniendo con una mano la palma del mártir. Se aprecian también dos escudos, el del rey y el de la ciudad entre ambos esta la escena de caza del halcón y la perdiz. Originalmente en esta plaza se situaba el cementerio parroquial que daba a la fuente, en el año 1831 se prohíben este tipo de necrópolis dentro de la ciudad y la fuente fue restaurada y se añadió la balaustrada de terracota que tiene encima. Es de una austero estilo románico, y las plantas que cuelgan de ella le da al lugar un especial encanto, en donde en tiempos remotos era costumbre hacer funciones teatrales.

De ahi nos fuimos al 10 de la carrer paradis donde dentro escondido dentro de un palacio antiguo aparecen las ruinas del templo de Augusto en la antigua Barcino. En época romana la ciudad de Barcelona se conocía con el nombre de -Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino- dando lugar con el paso del tiempo a la actual metrópoli. Barcino fue fundada en el año 15 a.C. A finales del siglo XIX se encontraron tres columnas, durante las obras de construcción del edificio de la actual sede del Centro Excursionista de Cataluña. Una cuarta, se encontraba expuesta en la plaza del Rey de la ciudad condal y fue incorporada al conjunto que se puede visitar hoy en día.

Del templo, solo se puede contemplar estas cuatro columnas de capitel corintio sobre podio, que se encuentra en el patio del mencionado edificio. Las columnas miden unos 9 metros y son de orden compuesto. Corresponden a uno de los ángulos posteriores del templo que se encontraban en el Fórum de Barcino. Fue construido durante el siglo I a.C. y como su nombre indica, estaba destinado al culto del emperador Augusto. Medía 37 metros de largo, por 17 de ancho. Las columnas flanqueaban toda la construcción, que contaba con una sola nave interior y en el espacio frontal también contaba con una entrada de seis columnas.

Según relata Josep Puig i Cadafalch, el arquitecto Antoni Cellers habría redactado una memoria descriptiva y un mapa de la planta del templo tras diversas excavaciones en 1830, pagadas por la Junta de Comercio de Barcelona. Parece que la hipótesis de que el templo estaba dedicado a Augusto es reafirmada por el mismo Puig i Cadafalch, que también lo describe como de tipo períptero y hexástilo, con once columnas en cada ala contando las esquinas, seis en la parte frontal y seis más en el posticum. El conjunto estaría levantado en un podio de un tercio de la altura de las columnas.

Tambien tenemos dentro de las ruinas de Augusto un pedestal honorífico del forum dedicado a Quinto Calpurnio Flavio. Personaje que pertenecía a un linaje de magistrados municipales nacidos en Barcino. Esta piedra calcárea de Santa Tecla pertenece a finales del siglo I dC. “A Quinto Calpurnio Flavio, hijo de Lucio, de la tribu Galeria, edil, duúmviro y sacerdote de Roma y del emperador, los barcinonenses por decreto de los decuriones”. Cuando el forum perdió su función, el pedestal se dedicó a otros usos. En una de las caras se conserva un tablero de juego.

Y ya con la noche pegándonos decidimos ir a cenar al último piso del mega shopping El Corte Ingles donde degustamos unos ricos pescaditos y compramos un paraguitas para llevar a Benito ya que caminando todo el día se nos hizo casi imposible. A la pasada de regreso saludamos a la preciosa Casa Batlló de noche. Así terminó un día intensísimo en la bella Barcelona donde recorrimos la elegancia de Passeig de Gracia con sus monumentales edificios de Gaudí, para terminar recorriendo a fondo el barrio Gótico y sus increíbles tesoros.

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